La escuela que no podemos seguir aplazando
Los datos son conocidos, pero merecen repetirse sin anestesia: el 71 por ciento de nuestros jóvenes de quince años no alcanza el nivel mínimo en matemáticas. Más de la mitad no comprende lo que lee. En lectura retrocedimos diez puntos frente a 2022 y veintiséis frente a 2015, el mejor registro de nuestra historia. Y en el otro extremo de la distribución, apenas el uno por ciento de los estudiantes colombianos alcanza niveles sobresalientes, mientras que el promedio mundial se acerca al seis por ciento. No estamos formando la base ni cultivando la excelencia.
Se dirá, con razón parcial, que el mundo entero cayó: la propia OCDE reconoció el peor resultado de su historia en lectura y matemáticas, golpeada por las pantallas y la pandemia. Pero ese consuelo es una trampa. Nuestra brecha con los países desarrollados, de ochenta y dos puntos en matemáticas, equivalente a cuatro años de escolaridad, no nació con los teléfonos inteligentes ni con el Covid. Lleva dos décadas estable, sobreviviendo a gobiernos de todos los signos, a ministros de todas las........
