Ibagué arde y nadie quiere mirar la causa
Cada año, cuando el verano aprieta en el Tolima, Ibagué vuelve a llenarse de humo. Los cerros se encienden, el aire se llena de un olor a tierra quemada que penetra hasta los barrios del sur, y la ciudad entera termina mirando al cielo con la misma pregunta: ¿hasta cuándo?
La pregunta lleva años rebotando entre bomberos, corporaciones autónomas y administraciones municipales. Y la respuesta honesta es que ya sabemos lo que está pasando. Lo que falta es la decisión política de tratarlo como lo que es: una crisis recurrente de gestión del riesgo, no un accidente climático que se repite solo.
Ibagué está rodeada de cerros tutelares. El Combeima, El Totumo, La Martinica, las zonas de amortiguamiento sobre el cañón del río Combeima y hacia el oriente. Son ecosistemas estratégicos porque garantizan agua a la ciudad. También son, por su pendiente y por el tipo de vegetación que los cubre durante la temporada seca, especialmente vulnerables al fuego.
Cuando las quemas se descontrolan, lo que se pierde no es solo un cerro. Es suelo. Es biodiversidad. Y es la capacidad de esas cuencas de seguir produciendo agua limpia para una ciudad de más de medio millón de habitantes. La afectación al recurso hídrico rara vez entra en el reporte del día siguiente, pero es el costo más serio que pagamos.
Las causas se conocen bien y........
