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¿De qué tiene cara el nuevo Gobierno?

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08.04.2026

José Antonio Kast se mantiene, hasta ahora, en estos primeros días, en un precario equilibrio, controlando y balanceando el frente interno, tratando de mantener a los aliados como aliados, antes que como competidores y menos como enemigos.

Dado que siempre el futuro es incierto, no se puede afirmar que la democracia no existirá jamás, pero la antigua sentencia de un sabio en el tema político, de que la democracia no ha existido nunca, es difícilmente refutable. En efecto, si se considera a la democracia como el gobierno del pueblo, está claro que el pueblo no ha gobernado nunca. En realidad, a lo que más se ha llegado, en el mejor de los casos, es a establecer una aristocracia electiva: la “areté” o excelencia de los gobernantes se decide por votación popular. Esa aristocracia es la que ejerce el poder.

Recordar lo anterior parece venir al caso cuando, a través del ritual electoral, se ha seleccionado a la nueva aristocracia para gobernar el país por los próximos cuatro años. En efecto, ya están instalados Presidente de la República y Congreso Nacional. La mesa está servida para ejercer el poder. Pero no por eso la permanente lucha por el poder desaparece.

La política es esencialmente una cuestión de poder, de capacidad para imponer determinadas orientaciones de valor, determinados proyectos y determinados objetivos a una sociedad. Es establecer las normas, garantizadas con la coacción física, que deberán cumplir los habitantes de un territorio delimitado.

Por eso es que, a pesar de las almas cándidas, es insoslayable el hecho de que la política siempre tiene que ver con la violencia. Más allá de que las acciones políticas sean pacíficas y el conflicto se plantee en la oratoria, lo que se pretende obtener es la violencia para imponer el orden que se quiere.

Parece natural, entonces, que se despierte una cierta curiosidad, cuando hay un cambio en las aristocracias elegidas, por saber, más allá de la propaganda electoral (que tiene que mentir por razones obvias), cuál es la orientación que se desarrollará en este deber de obediencia ciudadana garantizado con el monopolio de la fuerza física de una autoridad legítima.

Antiguamente quizás había mayor claridad, puesto que la aristocracia emergía de partidos políticos con definiciones ideológicas y programáticas mucho más nítidas que en la actualidad, especialmente en aquellos lejanos tiempos en que las alternativas se medían en términos de su relación con el eje capitalismo-socialismo. Eso permitía adelantar ciertas expectativas respecto a sus orientaciones, pero en la actualidad los candidatos a ser seleccionados mediante votaciones suelen descansar en organizaciones y discursos bastante más vagos.

Esta merma en los grandes programas y proyectos tiende a suplirse con propuestas de medidas muy concretas relativas a lo que se suele plantear como temas contingentes sobre los que se ofrece específicas soluciones. Es la línea de “los problemas concretos de la gente”. De allí que se acostumbre estar muy atento a las primeras medidas en relación con tales específicas soluciones.

Aunque lo habitual es justamente ese enfoque en tareas contingentes y hace ya mucho tiempo que no se pretende un proyecto país, al momento de instalarse las actuales autoridades la crítica de “algún crítico” fue........

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