El Partido Demócrata de EEUU ha perdido el norte
Cuando un partido comienza a privilegiar la intensidad ideológica sobre la prudencia institucional, cuando la necesidad de entusiasmar a una minoría movilizada pesa más que la responsabilidad de presentar candidatos preparados, deja de construir mayorías.
Después de meses de confrontaciones con los tribunales, ataques a universidades, amenazas contra medios de comunicación, una Corte Suprema maleable, una guerra que no sabe cómo terminar y una creciente concentración del poder, que le ha permitido ganar unos US$2 mil millones desde que regresó a la Casa Blanca, Donald Trump nunca ha tenido más poder.
Tanto poder, que la posibilidad de que los demócratas recuperen el Senado constituye el principal mecanismo institucional para intentar controlarlo. Las elecciones de medio término que se realizarán en noviembre podrían ser la última oportunidad de restablecer un equilibrio político en Washington.
Pero el Partido Demócrata ha conseguido convertir una de sus mejores oportunidades electorales en una crisis autoinfligida. Maine es uno de los pocos estados en que una senadora incumbente, la republicana Susan Collins, podría perder, abriendo un espacio para que la cámara alta pase a control de la oposición. Sin embargo, esta semana el candidato elegido por el Partido Demócrata para enfrentarla tuvo que retirarse. La abrupta caída de Graham Platner como candidato al Senado es una advertencia, no solamente de la posibilidad de que el Congreso siga en manos de los republicanos, sino también de un Partido Demócrata en crisis.
Platner era, en teoría, el candidato ideal para el momento actual de rabia y desafección política. Veterano de guerra, productor de ostras, ajeno al aparato partidario y con un discurso marcadamente antiestablishment, Platner simbolizaba el tipo de figura que muchos estrategas demócratas creen necesaria........
