El indulto y la tentación del soberano
La ironía política reside en que Kast está a punto de repetir, con signo invertido, el error que ayudó a convertir en símbolo de irresponsabilidad el Gobierno de Gabriel Boric.
Hay instituciones que sobreviven en democracia solo a condición de usarse poco y con mucha prudencia. El indulto es una de ellas. Cuando un Presidente anuncia que piensa activarlo para beneficiar a agentes del Estado condenados por hechos cometidos durante la represión de 2019, estamos ante una decisión política de primer orden: convertir una prerrogativa excepcional de clemencia en un instrumento para reescribir, desde La Moneda, el sentido de un conflicto que Chile todavía no termina de procesar.
José Antonio Kast ha dicho que estudia usar esa facultad, “caso a caso”, respecto de carabineros y militares condenados por hechos del estallido. El problema no es solo lo que hará. Es lo que cree que un Presidente puede hacer con una institución tan delicada.
Conviene recordar qué es, históricamente, el indulto. No es una prolongación de la justicia por otros medios. Es, más bien, una suspensión excepcional de sus efectos. Su genealogía es doble. Tiene un origen monárquico, porque durante siglos fue una prerrogativa del soberano: el rey interrumpía la aplicación de la pena y exhibía en ese gesto su superioridad sobre la ley.
Y tiene también un origen cristiano: la gracia, la misericordia, la clemencia, el perdón. No es casual que en varias tradiciones europeas las palabras que lo nombran conserven todavía esa raíz –pardon, grâce, Begnadigung–, mientras nuestro más seco “indulto” la oculta mejor. Lo decisivo, en cualquier caso, es esto: el indulto nunca perteneció del todo al lenguaje de la imparcialidad jurídica. Pertenece al lenguaje de la excepción premoderna.
Esa ambigüedad explica por qué el indulto siempre ha sido problemático en democracia. Si el Poder Judicial reclama para sí la administración imparcial de la justicia, toda intervención externa sobre la pena aparece como una intromisión. Y, sin embargo, las democracias modernas no lo abolieron del todo. Lo conservaron porque durante mucho tiempo vieron........
