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Esto no es un simulacro, Chile bajo la amenaza de crisis, emergencias y desastres socionaturales

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16.10.2026

¿Cuántos desastres más deben ocurrir para que la prevención deje de ser una promesa de campaña? Chile no elige sus emergencias, pero sí eligió un Gobierno de emergencia.

En Chile, los desastres parecen florecer esta primavera de norte a sur. Lluvias torrenciales, tormentas de arena, truenos, relámpagos, fuertes vientos, posibles tornados, granizadas, aluviones y desbordes de ríos configuran un escenario donde hasta las emociones parecen desbordarse. Una primavera particularmente generosa en emergencias, cuando el estado de alerta deja de ser excepcional para instalarse en la vida cotidiana.

Detrás de cada fenómeno emergen desigualdades territoriales que condicionan las posibilidades de prevención, respuesta y recuperación. Resulta contradictorio que un Gobierno que se presentó como “de emergencia” no haya logrado asegurar una gestión del riesgo respaldada por planificación, financiamiento y respuestas oportunas.

Las amenazas se intensifican y las comunidades continúan esperando soluciones. La retórica de la urgencia, al parecer, resulta menos costosa que asumir sus consecuencias.

Esta sucesión de crisis ocurre en un país cuyos indicadores de salud mental alcanzan niveles de deterioro que no se registraban desde la pandemia de COVID-19. Según la duodécima ronda del Termómetro de la Salud Mental Achs-UC, un 18,5% de las personas encuestadas registra sospecha o presencia de problemas de salud mental, 5,8 puntos porcentuales más que en 2025. Los síntomas depresivos moderados o severos alcanzan el 16,2%, con una brecha entre mujeres (20,5%) y hombres (11,6%). Se suman la ansiedad (17,9%), el insomnio (14,3%) y la soledad percibida alta (21,9%).

Aunque estas cifras no pueden atribuirse directamente a los desastres, estos eventos pueden intensificar el desgaste psicológico de una sociedad expuesta a múltiples incertidumbres. La salud mental también refleja las desigualdades en las condiciones de vida y las limitaciones institucionales para resguardar el bienestar colectivo.

La exposición reiterada a amenazas puede prolongar las respuestas fisiológicas al estrés, alterar el sueño y comprometer la salud física y mental. Ningún cuerpo resiste indefinidamente en estado de alerta, ni un Gobierno puede sostenerse administrando emergencias sin un programa claro y una planificación de mediano a largo plazo.

¿Cuánta resiliencia puede exigirse a comunidades que apenas comienzan a recuperarse cuando enfrentan otro desastre? La respuesta no puede limitarse a promover estrategias individuales de afrontamiento ni trasladar a la ciudadanía responsabilidades institucionales. La educación comunitaria y la psicoeducación son fundamentales, pero ninguna preparación individual compensa la ausencia de condiciones materiales de seguridad.

La vulnerabilidad no........

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