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Seguridad para todos: el Estado o la segregación

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24.08.2026

La autoridad no se recupera proclamándola, sino cuando los ciudadanos vuelven a sentirse protegidos. Un Estado que entrega la seguridad al ingreso de cada cual no sólo reproduce desigualdad: abdica de su verdad más elemental.

“Porque te protejo, te obligo”. Eso es antes de educar, redistribuir o promover ideales, pues debe resguardar la existencia común. Sin protección, la ley pierde autoridad y la libertad queda entregada al más fuerte. El Estado no se legitima porque dicta normas: obliga legítimamente porque protege.

La seguridad no es una política entre otras, sino condición de las demás. Sin calles transitables, fronteras controladas, barrios sustraídos al crimen y ciudadanos capaces de vivir sin miedo, la libertad se vuelve declamación y el derecho, papel. Donde el Estado retrocede aparece otro poder, clandestino y brutal.

La inseguridad es primero un mal en sí. Mata, hiere, amedrenta, encierra y somete. No necesita traducirse al lenguaje de la desigualdad para ser intolerable. Pero, además, cuando la protección pública falla, el costo no se reparte por igual. La violencia cae con mayor peso sobre quienes menos medios tienen para evitarla.

Parte de la izquierda desatendió demasiado tiempo esta........

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