Kast y el fascismo
Cuidar el lenguaje es defender la herramienta con que una democracia distingue el peligro real del fantasma, y protege al ciudadano del abuso de los poderosos.
La crisis de polarización política es un fenómeno global. La izquierda desplazó el eje del debate con su agenda posmaterialista y la derecha respondió, allá afuera y luego aquí, con una versión sin matices, descarnada, que dejó a su paso en la irrelevancia a los proyectos políticos de centro. En Chile, ese movimiento condujo a la desaparición (o casi) de Evópoli, del Partido Radical y de la Democracia Cristiana, Partido Liberal, entre otros habitantes del centro.
Pero la desesperación no es buena consejera. Para quienes tenemos vocación democrático-liberal, la respuesta a la polarización no puede ser más polarización. Y la primera trinchera de esa disputa, aunque parezca menor, es el lenguaje. Tres ejemplos recientes lo ilustran.
En el podcast de Daniel Matamala se entrevistó al director de El Faro, el medio independiente salvadoreño en el exilio que lleva años denunciando sistemáticamente los crímenes del régimen de Bukele. El lenguaje preciso para describir ese régimen es “iliberal”: Bukele rompió con las instituciones liberales de limitación del poder (intervino tribunales, ejército, policías, fiscalía y parlamento, y cambió las reglas........
