Occidente, China y las contradicciones con Pompeo
La escena de esta semana refuerza ese argumento. Si los propios líderes empresariales estadounidenses y la Casa Blanca mantienen canales privilegiados con Beijing, resulta difícil exigir a países medianos una alineación sin matices.
Si uno mira los hechos de esta semana en el eje Estados Unidos/China, teniendo al exsecretario de Estado Mike Pompeo en Santiago, cabe preguntarse como se explica una contradicción evidente: Estados Unidos enfrenta a China con dos lenguajes a la vez, uno ideológico para movilizar aliados y otro transaccional para hacer negocios. Esta semana ambos aparecieron en paralelo.
En Santiago, Mike Pompeo llega precedido por una entrevista en El Mercurio donde describe al Partido Comunista Chino como una amenaza seria, cada vez más agresiva en lo económico y en la propaganda. Cierra con una invitación: defender la civilización occidental junto a aliados y socios. Una semana antes, el 7 de octubre, el secretario de Estado Marco Rubio habló frente a la Acrópolis, y pidió a estadounidenses y europeos una “renovación del espíritu occidental” ante una nueva era de competencia entre grandes potencias.
Mientras tanto, en Beijing, el consejo asesor de la Escuela de Economía y Management de la Universidad de Tsinghua celebra su 27ª reunión anual, este 13 y 14 de octubre. Este año se sumaron Jensen Huang (CEO de Nvidia) y Lisa Su (AMD), los dos líderes de la industria de chips de inteligencia artificial más importantes de Estados Unidos. Es decir, las empresas que están en el centro de la disputa tecnológica con China se sientan, voluntariamente, en un foro que la propia Tsinghua describe como espacio de encuentro con dirigentes del Estado chino.
¿Cómo se entiende que el discurso y la práctica vayan en direcciones muy distintas?
Sería fácil leer la escena como un choque entre gobierno y empresarios: Washington advierte, Silicon Valley no escucha. Pero el dato más revelador es otro. Huang y Su llegan a Tsinghua pocos días después de asistir a la cena de Estado que la Casa Blanca ofreció a Xi Jinping durante su visita oficial del 23 al 25 de septiembre. Esa visita tuvo una puesta en escena sorprendente. Donald Trump recibió a Xi en persona en la pista de la base Andrews, un gesto inusual, y lo llamó “gran líder”. Fue la devolución del viaje de Trump a Beijing en mayo, y Xi anunció dos encuentros más antes de fin de año. Es decir, el mismo gobierno cuyo secretario de Estado habla de defender la civilización occidental ante el ascenso como el de China, acaba de dedicar al........
