Amarrados mientras el mundo se mueve
Una democracia madura no genera confianza, prometiendo que nunca corregirá nada. La genera mostrando que puede cambiar con reglas, con deliberación y con suficiente estabilidad institucional como para que esos cambios no se parezcan a un salto al vacío.
En Chile reaparece cada cierto tiempo la idea de que la mejor señal para atraer inversión consiste en prometer que ciertas reglas quedarán congeladas por mucho tiempo. Ahora esa tentación vuelve con la versión especialmente ambiciosa de ofrecer por ley una invariabilidad tributaria de 25 años para determinados proyectos. La propuesta puede sonar seria, moderna y amistosa con los negocios, pero también revela una confusión de fondo entre estabilidad institucional e inmovilidad estatal.
La discusión importa porque una cosa es ofrecer certidumbre regulatoria y otra es comprometer por adelantado la capacidad futura del Estado para ajustar su política tributaria. La confianza de largo plazo no depende de que un país renuncie a moverse. Depende de instituciones que funcionen, reglas comprensibles, autoridades capaces de corregir errores y acuerdos políticos que sobrevivan al cambio de Gobierno. Cuando esa base existe, la inversión puede proyectarse. Cuando no existe, un candado legal muy largo apenas maquilla la fragilidad.
Ni siquiera el antiguo DL 600 llegaba tan lejos. Ese mecanismo........
