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Ucrania y la larga sombra de la catástrofe de Chernóbil

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27.04.2026

Chernóbil no es solo un accidente del pasado; es una advertencia permanente sobre la tecnología y también sobre el poder y lo que ocurre cuando la información se subordina a la política, y cuando los sistemas no están diseñados para reconocer sus propios errores.

Hace cuatro décadas, la madrugada del 26 de abril de 1986, a las 01:23 horas, el reactor número 4 de la central nuclear de Chernóbil explotó en el norte de la entonces República Socialista Soviética de Ucrania. No se trató solo un accidente técnico; fue un punto de inflexión político. En ese instante, no solo falló un reactor RBMK-1000, sino un sistema construido sobre la opacidad, la disciplina vertical y la incapacidad de reconocer errores en tiempo real.

Durante las primeras horas, Moscú optó por el silencio. No por desconocimiento, sino por reflejo. La ciudad de Prípiat, con cerca de 49.000 habitantes, no fue evacuada hasta el 27 de abril, más de 30 horas después de la explosión. Y en ese lapso, la población continuó su vida cotidiana mientras la radiación comenzaba a acumularse en el aire, en el suelo y en los cuerpos. La decisión no fue técnica, sino -por el contrario- absolutamente política.

En ese contexto, la verdad no emergió desde dentro del sistema soviético, sino desde fuera. El 28 de abril, en la central nuclear de Forsmark, en Suecia, trabajadores detectaron niveles inusuales de radiación en sus equipos. Tras descartar una fuga local, la conclusión fue inevitable: el origen estaba más allá de sus fronteras y........

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