Tiempos de cientificidio
Si esa premisa sigue gobernando la asignación de recursos, Chile transitará irreversiblemente hacia una ciencia aplicada y tecnocrática, subordinada a los intereses del mercado y despojada de toda vocación crítica.
La declaración del presidente José Antonio Kast en Puerto Montt —”se invierten muchos recursos en investigación científica, en las universidades, y esas investigaciones terminan muchas veces en libros, en papers que no generan empleo”— no fue un exabrupto de campaña.
Fue, ante todo, un documento de época excepcional para analizar las tensiones actuales entre política científica y desarrollo nacional. Y hoy, con Kast ya instalado en La Moneda, esa frase se ha convertido en programa de gobierno en ejercicio, no en especulación electoral.
Dentro del marco analítico del cientificidio, esta intervención presidencial opera en varios niveles. Primero, como deslegitimación epistémica desde el poder ejecutivo: reduce la ciencia a su valor de cambio inmediato (empleo/mercado), desconociendo la investigación básica, las humanidades y las ciencias sociales, cuya producción principal es crítica y circula en libros arbitrados.
No es la opinión de un académico o un comentarista: es la palabra del jefe de Estado definiendo qué conocimiento merece financiamiento público. Es un ataque frontal a la autonomía del campo científico y a décadas de construcción de capacidades en el país.
Segundo, despliega la retórica de la “eficiencia exterminadora” ahora con presupuesto y firmas. En Chile, los discursos de “auditoría”, “resultados” y “gasto improductivo” han sido históricamente el argumento técnico para justificar recortes masivos a las........
