Silencio en el ruedo: elegía de una tradición
Las fiestas de toros o corralejas son en la Costa Caribe una verdadera tradición que está a punto de perderse
La fiesta sigue viva En los palcos de la corraleja el porro Imágenes es interpretado de manera magistral por una banda pelayera. Los músicos, que se dejan el alma en la interpretación de cada nota de la pieza, consienten el instrumento para que la canción llegue, hasta los oídos de los presentes, como un sonido celestial. La gente vibra de emoción y sentimiento porque se les espeluca el cuerpo. De repente la banda deja de tocar, y por un instante: es como si el mundo se detuviera. Pero enseguida la gente grita en coro y de manera acompasada: “Sueño con imágenes muy tristes/ Amores que nunca existen/ Sombras que solo se van/ Hago castillitos en el aire/ Procurando de alcanzarte/ Pero mi tiempo se va”. Las trompetas, clarinetes, y bombardinos vuelven a anegar la tarde con sus sonidos criollos, corronchos y mágicos que transportan al pueblo a una ambrosía de disfrute y placer. Y es que las corralejas hace mucho tiempo dejaron de ser el contentillo que daban los hacendados a los peones cada año, para convertirse en parte de la esencia de la cultura tradicional de los pueblos de Córdoba. Estas fiestas autóctonas de nuestro folklore movilizan una cantidad impresionante de turismo local que genera un gran impacto en la economía de los pueblos. Las cabalgatas, los picós, las alboradas, los fandangos, las porro vías, las casetas, los conciertos y todas las otras actividades que están ligadas a esta celebración, son eventos que aglutinan una gran masa social. Son gentes que han crecido rodeada de una fiesta que, a pesar de los nuevos tiempos, los identifica y les hace sentirse felices. Los vendedores La fiesta inicia el jueves con la cabalgata. Ellos llegan el miércoles, cuando la tarde se desploma. Van a la corraleja, sondean casas humildes buscando posada barata. Los lugareños, que los esperan, han vaciado sus viviendas o improvisado hamacódromos; harán su agosto. Son gitanos criollos, saben que el cielo es el mismo para todos porque son asiduos de las noches a la intemperie, por eso se acomodan en cualquier rincón con techo y comparten un bocado de comida más contentos que perro........
