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La herencia de la mujer sabia: la que conoce su lugar

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27.09.2025

Nos vendieron una versión de la sabiduría que nos convirtió en estatuas de sal: inmóviles, silenciosas, preservadas en la pose perfecta de quien “sabe su lugar”. Durante generaciones, el manual no escrito de la mujer ha sido claro: sonríe aunque te duela, cede aunque tengas razón, agradece aunque te invisibilicen.

La virtud se midió por nuestra capacidad de desaparecer sin hacer ruido, de sostenerlo todo mientras fingíamos que no pesaba nada. Pero hay algo profundamente tóxico en ese rol que solo funciona cuando aceptamos perdernos de nosotras mismas y encarcelarnos en nuestros propios pensamientos. Virginia Woolf lo vio con claridad demoledora: en el siglo XVI era casi imposible encontrar a una........

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