No es el río. Es la ciudad que construimos alrededor de él
La forma en que nos ordenamos lo cambia todo. El debate después de lo que vivió Montería en las últimas semanas ha tomado un camino predecible: hablar del río, de la naturaleza, de los ecosistemas, de cómo debemos aprender a convivir con ellos. Y sí, todo eso es cierto. Pero también es insuficiente.
Porque el problema de fondo no es el río. El problema es la ciudad que construimos alrededor de él. El río Sinú no apareció de un día para otro, ni cambió su naturaleza. Lo que sí cambió fue Montería: creció sin orden, sin planeación y sin decisiones de fondo. Durante años se permitió ocupar zonas de riesgo, se expandió la ciudad sin criterio claro, se pavimentó sin resolver el drenaje pluvial y se aprobó suelo donde no se debía. Mientras tanto, miles de familias tuvieron que resolver por su cuenta algo tan básico como tener una vivienda digna. Hoy Montería no está estallada. Está cansada. La gente siente que todo está mal, pero se acostumbró a vivir así: en el desorden, en el rebusque, en la incertidumbre. No es rabia lo que domina. Es frustración silenciosa. Es........
