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El veneno ajeno

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11.08.2026

Bajo una higuera, vencido por el calor del mediodía, dormía Zaratustra cuando una víbora se le prendió del cuello. Gritó, claro que gritó, porque el dolor no se discute; y al mirarla, la serpiente reconoció esos ojos, se retorció torpemente y quiso escapar. "De ningún modo", le dijo él, "todavía no has recibido mi agradecimiento; me despertaste a tiempo, mi camino es aún largo". Y ella, ofendida en su oficio, respondió que el camino sería corto, que su veneno mataba. Sonrió entonces Zaratustra con la sonrisa que Nietzsche reservaba a quienes ya no necesitan defenderse. "¿Cuándo ha muerto un dragón por el veneno de una serpiente? Pero recobra tu veneno, que no eres lo bastante rica para........

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