El veneno ajeno
Bajo una higuera, vencido por el calor del mediodía, dormía Zaratustra cuando una víbora se le prendió del cuello. Gritó, claro que gritó, porque el dolor no se discute; y al mirarla, la serpiente reconoció esos ojos, se retorció torpemente y quiso escapar. "De ningún modo", le dijo él, "todavía no has recibido mi agradecimiento; me despertaste a tiempo, mi camino es aún largo". Y ella, ofendida en su oficio, respondió que el camino sería corto, que su veneno mataba. Sonrió entonces Zaratustra con la sonrisa que Nietzsche reservaba a quienes ya no necesitan defenderse. "¿Cuándo ha muerto un dragón por el veneno de una serpiente? Pero recobra tu veneno, que no eres lo bastante rica para........
