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No esperar milagros en el mes 48

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17.02.2026

Es insensato esperar que el gobierno haga en el mes 48 de su gestión aquello que no hizo en los 47 meses anteriores. Las improvisaciones, los errores no forzados y la demostración patente de que las autoridades no están a la altura de las circunstancias serán la tónica de las últimas semanas de este gobierno, igual como ha sido en los 47 meses anteriores. Tal vez lo único que falta para cerrar el círculo de fracasos y desaciertos de este cuatrienio sería que algún ministro del comité político decida irse a dar una vuelta por la Araucanía para ver si se repite la bienvenida a balazos que marcó la inauguración de este cuatrienio.

A menudo, los gobiernos experimentan una aprobación presidencial en forma de U, con una mayor popularidad al comienzo del periodo —la luna de miel— y hacia fines del periodo—la ceremonia del adiós. Pero el gobierno de Gabriel Boric mostró un patrón de aprobación que se distancia de lo normal. Salvo en su primera semana en el gobierno, cuando alcanzó una aprobación del 50%, Boric nunca logró tener una luna de miel. Los errores evidentes en las primeras semanas de su mandato, y la polarización que reinaba en el país durante las deliberaciones de la Convención Constitucional, hicieron que la aprobación de Boric rápidamente se ubicara en el rango del 30-40%. Salvo algunos periodos en que su aprobación cayó del 30%, Boric tuvo una evaluación bastante estable durante sus cuatro años en el poder. Consistentemente, casi un 60% de la población rechazó la gestión del Presidente. El grupo de los que rechazaban su gestión fue siempre más numeroso que aquellos que aprobaban su desempeño como Presidente.

A diferencia de otros mandatarios, que atraviesan por periodos de alta aprobación y momentos en que el rechazo supera al apruebo, Boric tuvo una estabilidad sorprendente en su evaluación popular. Su apoyo siempre fue minoritario. En parte, esto se puede haber debido a que Boric nunca se decidió entre ser el Presidente rebelde que se mantiene fiel a su estilo de líder estudiantil antisistema y ser el Presidente que habita debidamente el cargo y aspira a representar a las grandes mayorías. Si bien hubo momentos en que Boric pareció querer asumir el rol de Presidente de todos los chilenos —como, por ejemplo, cuando falleció el expresidente Sebastián Piñera— muchas otras veces, Boric retornó al rol de líder estudiantil rebelde que busca incomodar a la élite (su obsesión con no ponerse corbata, su estilo descuidado para vestir y inusuales jornadas laborales) o que abiertamente defiende posiciones extremistas minoritarias (como el indulto a los delincuentes sentenciados por delitos contra la policía y la propiedad durante el estallido social).

Las ocasiones en que Boric pareció querer convertirse en un Presidente tradicional fueron normalmente opacadas por los momentos en que parecía querer volver a sus orígenes y buscar sepultar el modelo económico neoliberal. Al final, terminó siendo ni lo uno ni lo otro.

La izquierda más dura resiente el hecho de que Boric lideró al país durante el periodo en que una mayoría de la gente pasó de querer enterrar la Constitución de Pinochet a votar, dos veces, por ratificar el texto redactado en dictadura (y modificado en democracia). A su vez, la derecha resiente que el Presidente nunca haya asumido cabalmente su rol de defender las instituciones y poner los intereses del país por delante de sus propias convicciones ideológicas. Los más moderados, en cambio, lamentan que el país haya avanzado por la dirección equivocada. Por más que el gobierno insista que el país está en un mejor lugar que cuando Boric asumió, si tomamos en consideración el efecto de las emergencias causadas por el Covid-19, es evidente que Chile está peor de lo que estaba antes del estallido social de 2019. De ahí que, precisamente porque Boric y su gobierno reivindican el estallido como un buen momento para el país, resulta poco convincente que el Presidente pueda terminar su periodo declarando que lo suyo fue una “misión cumplida”.

En el mes que resta de gobierno, no debiésemos esperar nada diferente de lo que ya vimos en los 47 meses anteriores. En las semanas que quedan de gobierno, seguiremos viendo declaraciones destempladas de Boric en temas de relaciones internacionales, vacías declaraciones de que el gobierno tendrá mano dura contra la delincuencia, un inusual placer por recitar poemas en vez de privilegiar el buen gobierno y la disciplina fiscal, y vacías promesas de fortalecer la democracia a la vez que se cementa el innegable legado de corrupción y malas prácticas. Todo lo bueno que no pasó en estos 47 meses que han transcurrido desde que Boric asumió el poder, y todo lo malo que el país debió experimentar en este cuatrienio de practicantes que no aprendieron nunca a hacer bien el trabajo, lo seguiremos experimentando en este último mes de la administración de Gabriel Boric.

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