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Se acabó la espera a Godot, ¿y ahora qué en Cuba?

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09.02.2026

Con el final de Maduro y el colapso de la revolución cubana, el año 2026 se presenta muy auspicioso. Terminará siendo una fecha histórica, con debates tumultuosos y airados. Se abrirán nuevas y profundas dudas políticas. Surgirán nuevos escepticismos con inquietudes del más variado tipo. Los temas serán el devenir de la región, los asuntos interamericanos y, muy especialmente, las acciones híbridas que lograron acabar con esos dos experimentos percibidos hasta ahora como inextinguibles. Final wagneriano de un ciclo que parecía eterno.

2026 será recordado como el año en que esta región subió a los grandes escenarios de la política mundial. Es la fecha en que se ha apagado definitivamente la luz en Cuba; un hito histórico, con enorme fuerza simbólica. Y es el año de la gran conmoción; especialmente entre quienes aplaudían aquellos experimentos. Una simpatía, por cierto, inconcebible. Y es que, pese a lo conocido (que es sólo una molécula), aún deambulan por universidades, por los laberintos de la política y los medios de comunicación adoradores de estos proyectos del “buen salvaje”. 2026 servirá para comprobar que todo tiene su final, su epílogo.

La región se adentra ahora por caminos pedregosos. Paralelo al eclipse de estos experimentos se empieza a disipar una narrativa que persistió por décadas e irán apareciendo otras. Nuevas y distintas. Son tránsitos complejos, pero también inevitables. Cada ciclo crea sus propias narrativas y debe hacerlo sobre las cenizas del anterior. Es el único camino conocido para alcanzar legitimidad.

Se trata de uno de aquellos procesos bi-direccionales que están llamando la atención de Elon Musk.........

© El Líbero