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El abismo devuelve la mirada

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23.02.2026

Le dicen “el muerto que habla”.

En estos días se sabe que el monstruoso y aberrante Jeffrey Epstein, aún después de su muerte, sigue destapando ollas que estremecen. Continúan apareciendo nombres, redes de poder en todas partes, relatos de abuso y escenas de horror que la mente se resiste a procesar. Incluso circulan versiones que rozan lo indecible, cuya sola mención provoca repulsión y una sensación de caída moral.

Muchos no querrán creerlo. No por falta de antecedentes, sino porque aceptar semejante atrocidad desgarra la confianza básica en la civilización. Negar, relativizar o mirar hacia otro lado es una forma de defensa. Pero el silencio también protege al mal.

Epstein no fue solo un criminal individual. Construyó, o dejó al descubierto, una estructura de élite donde pertenecer significaba poder. Una pertenencia que parecía situar a sus miembros por encima de la ley, de la moral e incluso de toda noción de límite. Financistas, políticos, magnates, figuras públicas de diversos países, pero siempre poderosos, orbitaban en un sistema donde el dinero, la influencia y el secreto funcionaban como blindaje.

Aparecen abogados, diplomáticos, funcionarios, escritores y hasta el hoy ex príncipe Andrés de Inglaterra. Asesores, amigos, clientes, cómplices o confidentes de alguien que tejió una red tan amplia, tan estrecha e increíble que durante años alimentó todo tipo de teorías de conspiración. Teorías que parecían confinadas a los márgenes de internet y que muchos descartaban como exageraciones propias de la era digital. Sin embargo, con el paso del tiempo, parte de ese entramado comenzó a mostrar contornos reales, obligando a la opinión pública a enfrentar una pregunta incómoda: ¿cuánto de lo que consideramos imposible ocurre simplemente fuera de nuestra vista?

El libro The Villain of Postmodernity plantea una acusación........

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