menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Arica y Tacna: pensemos en grande

7 71
31.01.2026

Nunca, que recuerde, un gobierno entrante se había preocupado tanto por las cuestiones fronterizas como el del Presidente electo. Ha estructurado un plan de seguridad completo y profesional en tres fases, pero la opinión pública sabe poco de la segunda etapa, que en septiembre del 2027 completaría la modernización y tecnificación de los complejos fronterizos. Entre estos, es vital el de Chacalluta, puerta de entrada norte, punto de conexión de una cuasi-conurbación entre Arica en Chile y Tacna en Perú, y el que tiene la mayor incidencia en política exterior vecinal.

Apenas 60 kilómetros separan estas ciudades. Ambas suman unos 550 mil habitantes, algo menos que Valparaíso y Viña del Mar. No es raro entonces que entre octubre de 2024 y el mismo mes del 2025 pasaran por Chacalluta 6,5 millones de personas, lo que equivale a la mitad del movimiento internacional del aeropuerto de Santiago. De ese total, entre el 85 y el 90% es tránsito local. Los habitantes de Arica van regularmente a Tacna por trabajo, compras, turismo, al dentista o al médico. Hasta las Isapres cubren prestaciones médicas realizadas en la ciudad peruana. Esta es una realidad de la que tiene que hacerse cargo cualquier gobierno.

Hoy día tenemos una frontera manejada en forma tradicional, a pesar de los avances que se muestran en el Acuerdo Operativo de Control Migratorio Simplificado (“Semáforo”); en el aumento de personal; en la apertura del paso fronterizo las 24 horas del día, y en las mejoras en infraestructura. La frontera todavía colapsa los fines de semana con filas de espera que pueden llegar a cuatro horas o más a falta de un mecanismo digital que permita a los principales usuarios, los habitantes de ambas ciudades, cruzar en forma expedita y segura al otro lado. Aún operamos con personal de la PDI atendiendo en ventanilla el control de identidad.

Según informaciones públicas, en Chacalluta trabajan en forma........

© El Líbero