De las políticas terrestres; a las poéticas celestes
Realmente sollozamos porque no logramos ser deidad, lo que nos impide amar y ser amados, que es lo que nos haría sentirnos libres como las barcas perdidas en el mar. De igual modo, también gemimos porque no dominamos ni nuestros propios vientos, necesitamos desesperadamente aires puros para tomar aliento y sentirnos acariciados por la certeza del verso en el verbo.
Llegará el día en que después de aprovechar lo vivido, produciremos y reproduciremos las energías de lo auténtico, que no son otras que el cultivo del amor de amar amor; y, justo en ese instante preciso y precioso, nos despojaremos de los intereses mundanos, porque habremos descubierto, que nada somos sin la fuerza de la edénica inspiración azulina. De hecho, el verdadero sostén corporal de las huellas vertidas y la axiomática marea espiritual generada, va a ser lo que nos mantenga........
