¿Cuándo dejamos de aburrirnos?
Hoy pareciera que hemos declarado la guerra al aburrimiento. Cualquier instante de espera se llena con una pantalla. En la fila de un banco, en un ascensor, durante un trayecto en transporte público o incluso mientras esperamos que hierva el agua para el café, el impulso es el mismo: sacar el teléfono. Como si unos pocos segundos de silencio fueran insoportables.
Quizá el cambio más profundo no sea tecnológico, sino cultural. Hemos llegado a creer que toda pausa debe ocuparse y que cada momento debe ser productivo o entretenido. El resultado es una atención constantemente fragmentada, siempre saltando de una imagen a otra, de un video al siguiente, de una notificación a otra, sin detenerse el tiempo suficiente para que aparezca una idea propia.
Paradójicamente, el aburrimiento nunca fue un enemigo de la creatividad. Fue uno de sus mejores........
