Apuesta de alto riesgo
Negociaban Washington y Teherán y luego de varios ultimatums, Estados Unidos e Israel atacaron Irán el 28 de febrero. Los intentos diplomáticos frustrados buscaban un nuevo acuerdo sustitutivo del que en 2015 negoció Obama para limitar el programa nuclear iraní a cambio de levantar sanciones con inspecciones del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) que quedó roto en 2018 cuando, en su primera presidencia, Trump lo denunció. En los primeros bombardeos, con obvio trabajo previo de inteligencia y precisión, murieron el líder supremo Ayatola Ali Khamenei y un grupo de importantes jerarcas de la República Islámica. El ataque se justificó sobre la base del “peligro inminente”. Siete meses atrás, el 25 de junio de 2025, el mismo presidente Trump había declarado que gracias a un ataque sorpresivo de alta eficacia “Las facilidades nucleares iraníes han sido borradas”, originando una guerra de doce días en junio.
Ahora, la que al principio fue anunciada como una guerra corta, en la cual la Administración de Washington ha cantado victoria, se ha prologado y complicado, demostrándose que se trata de una apuesta de muy alto riesgo.
Con noventa y dos millones de habitantes y un territorio que casi duplica el nuestro, Irán es un país sumamente complejo. Desde la caída en 1979 del Sha, monarca modernizador pero también represivo, su SAVAK es tan recordado como las reformas de su “Revolución Blanca”, por casi medio siglo los clérigos de la mayoría musulmana chií han estructurado un poder de rígido control político y social sobre bases teocráticas. Desafiando ese........
