Las secuelas de la guerra en el Medio Oriente
La guerra en el Medio Oriente, desencadenada tras la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán, ha evolucionado más allá de sus objetivos iniciales para convertirse en un caso de profundas implicaciones estructurales. Lo que en principio parecía una operación orientada a provocar el colapso del régimen iraní, se ha transformado en un conflicto de desgaste que evidencia errores de cálculo estratégicos, tensiones entre aliados y riesgos sistémicos para la economía mundial.
El primer equívoco radica en la premisa de que la eliminación del liderazgo supremo iraní conduciría al derrumbe de su sistema político. Esta hipótesis recuerda experiencias de intervenciones previas en la región, y revela incomprensión de la naturaleza del Estado iraní. Para Vali Nasr, la República Islámica no es solo un régimen autocrático sostenido por una figura central, sino un entramado institucional, ideológico y militar de hondas raíces. Bajo contextos de amenaza externa, lejos de fragmentarse, estos sistemas tienden a consolidarse en torno a una narrativa de resistencia. Pese a las importantes protestas protagonizadas en meses pasados contra el régimen islámico, la guerra actual opera como un mecanismo de cohesión interna, más que como un factor de desestabilización.
Este error de apreciación se vincula a su vez con una divergencia entre las agendas de Estados Unidos e Israel. Mientras Israel concibe el enfrentamiento con Irán en términos existenciales y no descarta por tanto una estrategia de confrontación prolongada hasta neutralizar la amenaza iraní, EE.UU. enfrenta situaciones más complejas. Su papel en el sistema internacional, su exposición económica y, sobre todo, las limitaciones asociadas a la política doméstica y electoral hacen que una guerra larga sea difícilmente sostenible. De allí que la asimetría de intereses entre ambos países introduce una tensión en la alianza entre ambos países, que podría profundizarse a si el conflicto........
