La manía de ahogar el español
El idioma que hablamos es la casa donde vive nuestra identidad, un refugio cotidiano construido con la fuerza y la belleza de la palabra en castellano. Sin embargo, en los últimos tiempos observa uno con asombro cómo avanza una extraña costumbre que busca desplazar nuestra forma natural de comunicarnos para sustituirla por modismos ajenos. Se trata de una tendencia marcada por el complejo de inferioridad y el afán de aparentar una distinción fingida frente a los demás. Quienes caen en esta práctica prefieren utilizar términos en inglés para referirse a cosas que nuestro propio vocabulario resuelve con absoluta elegancia y precisión.
Esta fascinación por lo extranjero, conocida como anglicismo forzado, esconde en el fondo una profunda falta de aprecio por lo nuestro y una búsqueda constante de estatus social. No estamos hablando de palabras técnicas inevitables que surgen con los avances científicos, sino de sustituir sin necesidad los vocablos que hemos usado toda la vida para sonar más refinados. La persona que incurre en este exceso cree que hablar con términos prestados le otorga una categoría superior frente al resto de la comunidad. En la práctica, lo único que logra es proyectar un vacío conceptual envuelto en una postura ridícula que desdibuja la riqueza de la lengua materna.
Abundan los ejemplos cotidianos en los lugares de trabajo, en la calle y en las conversaciones........
