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El anacronismo histórico en las butacas cinematográficas

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30.03.2026

Anacronismo (del griego ἀνά «contra» y χρόνος «tiempo») se refiere a algo que no se corresponde o parece no corresponderse con la época a la que se hace referencia.

Es muy frecuente que en el cine veamos errores y omisiones históricos que a veces pasan desapercibidos. Otros no tanto. Los directores de cine cometen graves anacronismos, y qué decir de tramoyistas, guionistas, escenógrafos y simples extras. Las películas de ayer y de hoy están repletas de anacronismos o fallos que no corresponden a la época. Ni Spielberg ha podido escapar a estos temibles desaciertos fílmicos. Fatal sentido histórico ha exhibido Hollywood desde su fundación en los años 20, al que tampoco escapa el cine europeo.  El anacronismo es de los mayores enemigos de los directores del Séptimo Arte. Pero ataca también muy de seguido a la historia, literatura, teatro y arte.

Uno que siempre ha quedado grabado en mi memoria desde que estudiaba bachillerato en Carora, Venezuela, es el bikini “prehistórico” de Raquel Welch en la cinta Hace un millón de años (1966) filme donde dinosaurios y humanos comparten roles, cuando los gigantescos lagartos habían desaparecido 25 millones de años antes. Un gazapo imperdonable.

Los anacronismos fílmicos se producen las más de las veces de manera involuntaria. Otros no tanto, como el del actor estadounidense Mel Gibson que exhibe una falda escocesa o kilt cinco siglos antes de su invención en la cinta Braveheart de 1995. Una evidente incorrección cronológica. Se ha considerado esa cinta una de las películas más inexactas en la historia del cine. 

El compositor de la corte imperial de Viena, el italiano Antonio Salieri (1750-1825) no asistió a la sepultura de Mozart como se ve en la cinta de culto Amadeus (1984) de Milos Forman. Tampoco fue el virtuoso italiano furibundo rival del genio musical del piano que fue Mozart como lo muestra Forman. 

La Roma de tiempos de Nerón fue reinventada por Mervyn LeRoy, en su memorable Quo Vadis (1951). El extraordinario actor británico Peter Ustinov (1921-2004) es recordado por su papel de Nerón, emperador que culpa a los cristianos de incendiar la Ciudad Eterna. No existen pruebas contundentes que ello sucediera de tal manera. No era un pirómano, sino que a su regreso de Anzio ayudó a sofocar el gigantesco incendio. Dos personajes, Marcos Vinicio y Petronio aparecen jugando ajedrez en el año 64 después de Cristo en tal cinta, cuando, como sabemos, ese juego fue inventado en la India siete siglos después y fue introducido a Europa durante el Renacimiento gracias a los árabes. 

 En el film Gladiador (2000) de Ridley Scott, ambientado en la antigüedad romana, aparecen de seguido altivos y hermosos perros de la raza pastor alemán, un triunfo genético europeo de los años 1800. Entre el público que asiste al circo algunos aparecen con lentes oscuros marca Ray Ban. Quizás el intenso sol de Marruecos, país donde fue rodado parte del film, hizo que algunos desprevenidos extras se protegieran de los rayos ultravioleta del Sahara occidental de tal forma para gran enojo de Scott. Y lo que es más grave, El Español (Russell Crowe) y sus amigos gladiadores, son colocados en celdas bajo robustos candados que aún no existían.

Dicen algunos críticos que Spielberg se cuida mucho de estos gazapos y para ello ha contratado asesores históricos reconocidos. En su cinta Rescatando al soldado Ryan (1999) mucho y meticulosamente se hizo para evitarlos.

 La industria cinematográfica norteamericana es uno de los más poderosos aparatos político-ideológicos del planeta, por ello este magistral film de Spielberg que es sin duda, sin embargo, silencia totalmente otro acontecimiento bélico simultáneamente ocurrido en 1944, mucho más importante y decisivo que el Día D de Salvando al soldado Ryan. Sucede en el gigantesco y pavoroso frente oriental, donde el Ejército Rojo soviético aplasta a la poderosa Wehrmacht alemana en la Operación Bagration que libera a Bielorrusia y abre el camino hacia el triunfo sobre los nazis en Berlín en agosto de 1945. Sin Bagration es posible que el aclamado por occidente Día D no se hubiese realizado o se aplazaría para otra ocasión.

El notable director de cine estadounidense que es Spielberg, estaba en la obligación de hacer referencia a Bielorrusia, país que era en esos años asiento de una grande y próspera comunidad judía, etnia a la que pertenece sin duda alguna el laureado director de la Lista de Schindler (1993). La cinta Salvando al soldado Ryan es en este sentido un constructo ideológico en el que pocos reparan al silenciar completamente al pavoroso frente oriental donde sucedió la importantísima derrota del Tercer Reich que duraría mil años y que apenas duró 12. 

No se crea que el anacronismo fílmico es exclusivo de Hollywood o del cine europeo. Un famoso historiador francés, Marc Ferro (1924-2021), ha creado la llamada “contra historia”, la que le ha permitido desmentir afincados mitos cinematográficos en la extinta Unión Soviética que hasta ahora se creían ciertos. Uno de ellos es el del Acorazado Pomtekin y el de la Escalera de Odessa, sucesos históricos que jamás sucedieron realmente y que fueron una creación, un invento del cineasta soviético Serguéi Einsenstein (1898-1948). 

Eso se debe a que la obra estética, dice Ferro, tiene más perdurabilidad que la obra histórica. La leyenda del Acorazado Potemkin ha “cogido” el lugar de la historia del Potemkin. Es que la principal manera de mirar es ideológica, política. Y es esa mirada la que manda a la otra mirada. 

Este famoso cineasta soviético, fallecido en 1948, crea la edición fílmica para manipular las emociones de los espectadores, y lo logra magistralmente, a tal punto que logra presentarnos a Iván Newsky, otro film suyo, como un líder laico cuando en verdad lo era de carácter religioso. Descubrir la ideología de un film es un ejercicio histórico. En realidad, valora Ferro, todos los cineastas poseen una ideología -la que sea- y lo que quieren son métodos para realizar, métodos para traducir esta ideología.

Luis Eduardo Cortés Riera

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