Danila Otero-Warren -1881/1965-: Orgullo hispano en Estados Unidos
Dedicado a Raúl Briceño Silva, puente cultural hispano-estadounidense.
Nuevo México es el Estado de Estados Unidos que conserva la huella más intensa del Imperio Español, una herencia castellana perceptible con mucha intensidad aún en el siglo XXI. Su nombre, sus ciudades, su arquitectura, sus fiestas, su gastronomía y hasta su forma de hablar, siguen evidenciando esa herencia castellana en Norteamérica. Y como si fuera poco, existe una fuerte presencia aborigen Apache y Navajo en este Estado 47 de la Unión Americana desde 1912. La demografía y cultura del estado están fuertemente influenciadas por estas raíces hispanas y nativoamericanas, expresadas en la bandera estatal. Los colores escarlata y amarillo de ella fueron tomados de los estandartes reales de España, junto al antiguo símbolo del Sol de los Zía, una tribu Pueblo.
El escudo de Nuevo México muestra analogías notables y sorprendentes con el escudo de los Estados Unidos Mexicanos, cuyo diseño base con el águila parada sobre un nopal dentro de un islote que surge de un lago, es el mismo desde el decreto de la Junta Provisional Gubernativa del 2 de noviembre de 1821. Pero el águila americana estadounidense más grande y con flechas en sus garras, aparece sobreprotegiendo al águila del escudo de Nuevo México, mucho más pequeña. El efecto simbólico de vasallaje y dominación es evidente. Fue en Nuevo México cuando desde 1943 se inventó el arma más destructiva conocida entonces en el Laboratorio Nacional de Los Álamos: la bomba atómica que dos años después destruiría a Hiroshima y Nagasaki.
Los aztecas creían que Nuevo México era el lugar donde se ubicaba la isla de Aztlán, su lugar de origen. El nombre de México deriva de la lengua náhuatl y significa el nombre de un mitológico sacerdote que guía al pueblo azteca desde Aztlán por la búsqueda de un águila sobre un nopal para fundar la ciudad de Tenochtitlan, capital del imperio situado en aridoamérica.
Se creía que Nuevo México, según afirmaba el fraile franciscano Marcos de Niza, era el asiento de Cíbola (bisontes) y Quivira, o las Siete Ciudades de Oro, un imperio mítico que rivalizaba con el propio Imperio Azteca. Tras la invasión musulmana de la península ibérica, siete obispos visigodos habían cruzado el océano para establecerse en tales tierras que se creyeron ricas en oro y plata. Nada de ello era cierto.
La colonización española (desde 1598, con Juan de Oñate) impuso el sistema de encomiendas, la evangelización forzosa y la prohibición de las ceremonias tradicionales. En 1680, el líder Popé (Ohkay Owingeh o San Juan) coordinó una insurrección simultánea de todos los pueblos que expulsó a los españoles de Nuevo México, matando a 400 colonos y 21 misioneros. Los Pueblos gobernaron su territorio durante 12 años hasta la reconquista de Diego de Vargas en 1692. La Revuelta Pueblo es la única rebelión indígena completamente exitosa de la historia colonial de las Américas. Popé es hoy uno de los dos personajes que representan a Nuevo México en el National Statuary Hall del Capitolio de Washington.
A diferencia de la mayoría de los pueblos indígenas de EE. UU., los Pueblos nunca fueron removidos de su territorio. Las concesiones de tierra españolas (Spanish land grants) fueron reconocidas por el Tratado de Guadalupe Hidalgo (1848) y confirmadas por el Congreso. Cada pueblo tiene un gobernador tribal (cargo anual rotativo en la mayoría) y un consejo que gestiona los asuntos internos, incluyendo el estricto control del acceso a las ceremonias y la información cultural.
La tradición oral es muy rica en Nuevo México y se transmite a través de la lengua española que conserva arcaísmos de los siglos XVI y XVII.........
