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Cuando el juez o el fiscal aceptan con su firma el papiro de su propia condenación

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01.07.2026

«No son todos los que están, ni están todos los que son: esto es solo para los prevaricadores que están y los prevaricadores que son».

Interpretación auténtica

El subtítulo del presente artículo no constituye una generalización, sino una delimitación clara del alcance de esta advertencia. La máxima utilizada es una precisión necesaria: este mensaje no interpela a la institución en su esencia, sino a la conducta de individualidades que, dentro de ella, se alejan de la rectitud y que cada cual sabe quién es.

Si bien la judicatura y el Ministerio Público, en su abstracción, deben estar integrados por funcionarios probos —quienes representan la virtud que el ente exige—, este escrito sostiene su análisis en el plano de los principios generales para señalar exclusivamente a aquellos que, por sus actos concretos de prevaricación y falta de idoneidad, han decidido actuar al margen de la ley y de la justicia justa. Por tanto, este ejercicio crítico no se dirige al gremio, sino exclusivamente a quien, al reconocerse en tales prácticas, asume la responsabilidad de su propio proceder; de modo que lo que aquí se explica solamente está dirigido para aquellos que son prevaricadores y para aquellos que están en la prevaricación. 

En consecuencia, cualquier pretensión de sentirse aludido por parte de funcionarios que ejercen sus funciones bajo el estricto cumplimiento de la ley, la ética y la probidad, carece de fundamento, toda vez que este texto constituye una censura a la conducta desviada y no a la investidura. La distinción entre el cargo y el hombre es, en este análisis, el límite infranqueable que separa la crítica constructiva del juicio moral que aquí se ejerce.

¡Luego no digan que no lo escucharon!

Si usted no ha prevaricado, este mensaje no va dirigido a su........

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