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Crónicas de Facundo: Sólo el trabajo nos reconstruirá

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12.07.2026

El despedazamiento de Venezuela – sobreviviendo nosotros, los venezolanos, quienes en buena lid deberíamos agenciar nuestro renacimiento – parece avanzar hacia caminos distintos, esencialmente dinerarios y especulativos. Las élites ven a la democracia de postergable, les incomoda, como si acaso la confianza social, es decir, el asunto de la legitimidad popular no fuese necesaria para el rehacer de lo institucional.

Factores de potencia, animados por la lógica del poder – idéntica a la tesis hitleriana de los grandes espacios y los amigos vs. los enemigos – se empeñan en lo que llaman la reconstrucción y estabilización económica, como primer y largo paso. Se olvida que esa tesis, que quiso imponérsele a Europa tras la Segunda Gran Guerra, encontró de frente a hombres que la instantaneidad y la virtualidad dominantes, desmemoriadas, han borrado de las redes. De Gasperi, Adenauer, Schumann, De Gaulle, Churchill, acordaron sobre las bondades de la economía abierta para reconstruir; eso sí, sujeta a su legitimidad democrática. Se hicieron elecciones sobre los escombros, en Francia, el Reino Unido, en Italia, y hasta en Alemania, más tarde, en 1949.

Y como las realidades son tercas, cabe entonces prevenir. Y como la lógica que muestra su rostro en Venezuela es la del petróleo y la de los bonistas – el dinero no tiene alma, lo saben los banqueros – no la de las víctimas y sus familiares, miradas como las débiles de la ecuación, siempre subestimadas, siempre tuteladas; y siendo que, lo que sí sabemos hacer los venezolanos es trabajar, acaso sea útil recordarle a las élites tener presente el cuadro que hubo de atender la Iglesia Católica para enfrentar al binomio del capital y el marxismo a inicios del pasado siglo. Puso su mirada sobre el trabajo, como astrolabio del desarrollo. Es este, cuando no se lo valora, en justicia, similar a la fuerza destructiva de un terremoto. 

La cuestión del trabajo como derecho de la persona, que proyecta su dignidad inmanente, que le es existencial e inherente, ocupó la atención de León XIII en su Encíclica Rerum Novarum o de las Cosas Nuevas (1891).  Tanto como lo hizo la Quadragésimo Anno de Pio XI, celebratoria de la anterior, al punto que ahora Magnífica Humanitas de León XIV, innovando, la ratifica. Señala que “el trabajo es la clave de la cuestión social y expresa a la dignidad humana”. 

El tiempo es otro, ciertamente. También las cosas son otras pues media hoy la gobernanza digital global que, junto a la Inteligencia Artificial (IA) y el mundo de las finanzas, ejerce su influencia modeladora sobre el conjunto de las gentes y sus comportamientos en el plano de lo laboral. Privilegian lo sensorial, adormecen a la razón, hacen mutar la naturaleza del mismo trabajo cosificándolo, y propician una ruptura antropológica; por lo que cabe insistir, desde la idea de la centralidad de la persona humana, que el acceso al trabajo para todos es el criterio a partir del que habrá de evaluarse todo “modelo de desarrollo” al que se aspire, todavía más en Venezuela.

Toda persona humana, desde su nacimiento hasta su muerte, encuentra en el trabajo el sentido de su........

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