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Crónicas de Facundo: Magnifica Humanitas – Parte 2-

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14.06.2026

Cada tiempo tiene su propio tiempo y hace historia propia, es la afirmación que hicimos constar en nuestra precedente crónica, del mismo título, buscando referir la realidad y dinamismo como la autonomía del ser humano, que en modo alguno pueden obviarse. No significa ello que la historia haya de reescribir a la Verdad y sus verdades sin antes considerar – lo precisa León XIV en su amplia relectura – “la forma en que la Iglesia habita la historia y se relaciona con el mundo”. 

Esta es una cuestión clave para comprender la aproximación que hace su Encíclica Magnífica Humanitas sobre la cuestión digital y la Inteligencia Artificial (IA), a fin de que no se las vea como un tema singular sino como la manifestación de un «cambio epocal» en la misma historia; que, si bien interpela al magisterio eclesial con las cosas nuevas, este, como doctrina social y aquella como poseedora de “una consistencia y un orden propio”, permanecen atados a una raíz que las trasciende.

La creación, en efecto, lleva impresa una bondad originaria – lo recuerda la Encíclica – que la mirada humana debe custodiar, cultivar y hacer madurar, siempre con la libertad que es inherente a la existencia del hombre, a su albedrío. De donde la tarea de la Iglesia Católica, en el marco de ese reservorio de sabiduría que conjuga lo teológico con lo antropológico, sólo busca acompañar, ayudar al discernimiento comunitario. La Doctrina social de la iglesia en modo alguno es “un manual de principios y de normas que hay que aplicar”, precisa la Encíclica, pues se concreta como ayuda en la tarea de reconocer y promover “lo que contribuye a la dignidad de las personas, a la vitalidad de las comunidades y al bien de todos”.  

El señalado Magisterio, que ausculta a la historia al objeto de acompañarla y caminar a su lado, es de suyo perfectible, pero a su vez está inspirado en la verdad constante de los Evangelios. Contiene una “comprensión de la verdad” y posee “un don que hay que compartir”. No es “una posesión que hay que reclamar”, como en los tiempos en los que se cedió – lo recuerda la misma Encíclica apelando a San Juan Pablo II – a métodos de intolerancia e incluso de violencia al servicio de la verdad, y tampoco “un territorio que haya que defender”. La Doctrina social de la iglesia, lo recordaba San Pablo VI, mal puede “pronunciar una palabra única” ante la gran variedad de las situaciones históricas, como la presente, signada por una ruptura epistemológica que diluye espacios y exorciza al tiempo.

Cabe observar, sin perjuicio de lo anterior y justamente por inspirarse tal Doctrina o por beber ella en las fuentes invariables del Evangelio, que su tradición ha evolucionado de manera coherente, sin fracturas intelectuales a la vista; todo lo contrario. Sin perjuicio, como conjunto de ideas, de haberse renovado mediante la escucha de las situaciones históricas concretas e interpelada por las preguntas que nacidas de la realidad social e histórica del hombre se le han dirigido.

Tal “corpus orgánico de enseñanzas sociales”, que Pio XII califica........

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