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Desde el Crepúsculo… Tiempo es un Elástico: El Peligro de la Ley de Parkinson

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13.03.2026

¿Tenías conocimiento de que existe una ley llamada Ley de Parkinson? ¿Sabes realmente de qué trata?

Como el conocimiento no tiene límites, y empodera, es imperativo poner en contexto esta ley que dicta, silenciosamente, el ritmo de nuestras vidas. Fue formulada por el historiador y analista naval británico Cyril Northcote Parkinson en 1955. Aunque han pasado más de 70 años desde su publicación original en el diario The Economist, mantiene una vigencia aterradora.

La traigo a colación en esta oportunidad debido al mal hábito que representa y del cual la gran mayoría padece: la distracción en momentos de ocupación, un vicio que nos lleva a consumir en cualquier actividad laboral mucho más del tiempo útil y necesario para obtener un resultado óptimo.

La trampa del tiempo expandido

La Ley de Parkinson establece que «el trabajo se expande hasta llenar el tiempo disponible para su finalización». En palabras sencillas: mientras más tiempo tengamos para realizar una tarea, más tardaremos en completarla. No es que la actividad amerite técnicamente ese esfuerzo prolongado, sino que, dado nuestro hábito de no delimitar la relación entre tiempo y actividad, terminamos siendo víctimas de una falsa sensación de laboriosidad.

Si usted tiene una semana para redactar un informe que requiere sólo dos horas de concentración real, su cerebro —de manera casi inconsciente— encontrará la forma de que el informe le tome los siete días. Aparecerán las revisiones infinitas, la búsqueda de datos irrelevantes y, por supuesto, la distracción. Como bien podríamos decir: la distracción es la madre de la ineficiencia.

¿Cómo combatir este flagelo?

Ahora que comprendemos la naturaleza de esta «trampa elástica«, la pregunta obligada es: ¿Cómo combatirla? La respuesta no reside en trabajar más horas, sino en gestionar el enfoque con precisión quirúrgica. En primer lugar, debemos establecer un triángulo de ejecución:

• El Enfoque: Definir con total claridad qué vamos a hacer, sin ambigüedades.• La Logística: Reunir de antemano todo lo necesario para la ejecución, evitando interrupciones por falta de insumos.• La Planificación Temporal: Determinar con rigor en cuánto tiempo debe estar listo.

El enfoque delimita el tiempo a usar. El cerebro es una máquina de adaptación; trabajará y resolverá en el lapso exacto que usted le permita. Si le da un día, tardará un día; si le da una hora, su capacidad de síntesis se activará para cumplir el objetivo.

Rentabilidad y rigor laboral

Sin lugar a dudas, esta forma de trabajar —a menudo mal llamada «bajo presión»— va aparejada a la rentabilidad comercial. En la medida en que ahorremos tiempo mediante la eficiencia, más tareas podremos realizar y mayor será nuestro valor en el mercado.

En el entorno laboral contemporáneo, si nuestros ingresos dependieran estrictamente de la producción neta y no de las horas sentados frente a un escritorio, muchos ganaríamos relativamente poco.

Afortunadamente, no todo el mundo «marea la perdiz». Existen empresas que aplican niveles de supervisión rigurosos para evitar este tipo de malformación laboral. Sin embargo, el verdadero reto surge cuando somos nosotros nuestros propios supervisores, o cuando hacemos malabarismos con varios proyectos a la vez; ahí es donde la Ley de Parkinson suele ganar la batalla, diluyendo nuestra energía en un mar de tareas inacabadas.

Conclusión: El valor del minuto

Entender la Ley de Parkinson es recuperar el poder sobre nuestro recurso más escaso: el tiempo. No se trata de vivir estresados, sino de ser conscientes de que la eficiencia nace de la limitación. Al poner fronteras a nuestras obligaciones, liberamos espacio para lo que verdaderamente importa: el descanso, la creatividad y la vida misma.

¿Estaríamos los venezolanos dispuestos a entender la ley de parkinson?

Alfredo Barillas Araujoalfredobarillas55@gmail.com

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