El hombre de hierro
Hay gente que cae bien y gente que hace falta. Germán Vargas Lleras pertenecía más a la segunda categoría. Con su partida se va una forma de entender la política que hoy parece extinta: directa, exigente, sin adornos. Alguien que creía que el Estado tenía que funcionar, que los resultados debían verse y que la mediocridad en el poder no podía volverse costumbre. Podía ser duro. Incómodo. Difícil. Pero detrás de eso había una convicción sencilla: gobernar es resolver, no basta con diagnosticar ni explicar por qué no se pudo. Gobernar es ejecutar.
Y tal vez ahí estuvo también su gran dificultad. Le tocó vivir una época en la que la política cambió, donde las redes transformaron el examen: ya no era quién sabía gobernar, sino quién sabía gustar. El político ya........
