Una cuestión de talante
Hay momentos en los que, por sensatez y educación, la discusión pública debería moderarse, tomar aire o incluso callar del todo. Luego de una tragedia, y especialmente frente a quienes la padecen, conviene mostrar compasión y respeto antes de emitir cualquier juicio u opinión. La muerte de Kevin Acosta, un niño de siete años, ocurrida en medio de dificultades para acceder a un tratamiento médico indispensable, es uno de esos momentos.
Lo que sucedió es difícil de entender. La reacción oficial fue apresurada, más concentrada en defenderse y justificarse —con cálculo político— que en mostrar algún tipo de acompañamiento y comprensión hacia la familia afectada. No se trataba aquí de establecer culpas ni........
