Confianza extrema
El dolor recorre mi cuerpo. La respiración es suave y lenta. Los sonidos de la habitación son tenues. Estoy incomodo, mis ideas revoletean con intensidad. Anclo mi pensamiento en unos versos bíblicos que me encantan:
“Bendice, alma mía, a Yahvé, el fondo de mi ser, a su santo nombre. Bendice, alma mía, a Yahvé, nunca olvides sus beneficios. Él, que tus culpas perdona, que cura todas tus dolencias, rescata tu vida de la fosa, te corona de amor y ternura, satura de bienes tu existencia, y tu juventud se renueva como la del águila” (Salmo 103,1-5).
Me gusta repetirlo despacio, sintiendo cada palabra, y lo hago con fe porque es una alabanza individual que me provoca emociones de bienestar. Me apropio de las........
