Trump se va a desquiciar
A Donald Trump le bastó una hipótesis. La “membresía asociada” de Canadá en la Unión Europea todavía no existe. Es una figura sin precedente en los tratados europeos, carece de contenido definido y requeriría el respaldo de los 27 Estados miembros. Algunos diplomáticos europeos reconocen que nadie sabe exactamente qué significaría.
Pero la posibilidad, el simple coqueteo entre Canadá y Europa, fue suficiente para que Trump amenazara con imponer graves aranceles o suspender parte del comercio con el viejo continente. No reaccionó ante las consecuencias de un acuerdo. Reaccionó ante la mera posibilidad de que exista.
Tal vez el enojo provenga de un descubrimiento particularmente incómodo: Estados Unidos sigue siendo indispensable, pero ya no es la única opción. Trump prometió someter a sus aliados mediante amenazas, tarifas y fanfarronadas. Está consiguiendo que comiencen a organizarse fuera de su país.
La eventual alianza entre Canadá y la Unión Europea representa, a sus ojos, algo peor que un desacuerdo comercial: la insubordinación del estado 51. Canadá estaría tomando una decisión sin solicitar permiso a quien ya lo había incorporado imaginariamente a su territorio.
Trump no está objetando una cláusula. No hay cláusulas todavía. Objeta que dos aliados de Estados Unidos intenten reducir su dependencia de Washington. Para él, la autonomía de sus socios se parece demasiado a la deslealtad.
La alianza eurocanadiense toca, además, el instrumento........
