PaÃses apalancados
El dinero que se destina a pagar intereses es dinero que deja de usarse para todo lo demás. Asà de simple. Asà de brutal. Pero también asà de conveniente para algunos gobernantes: los intereses no protestan, no votan y no marchan. Solo se pagan. Puntualmente.
Durante años se ha repetido que la deuda es una âpalanca del desarrolloâ. Y lo es, siempre que alguien sepa hacia dónde quiere moverla. El problema comienza cuando esa palanca se usa como palanca polÃtica: para inaugurar, para presumir, para dejar huella âo placaâ, aunque el mecanismo en el fondo no mueva nada.
El dinero prestado, en demasiadas ocasiones, no llega a infraestructura productiva sino a obras de lucimiento, proyectos innecesarios o decisiones dictadas más por la voluntad del gobernante que por estudios técnicos. La deuda no falla; falla su propósito.
No se trata de un fenómeno aislado. Naciones Unidas advierte que el endeudamiento es ya un problema global: más de 50 paÃses enfrentan niveles crÃticos. La mitad de la población mundial vive en territorios donde se gasta más en intereses que en salud o educación. Dicho de otro modo: primero se atiende al acreedor y, si sobra algo, al ciudadano. Una jerarquÃa muy pedagógicaâ¦
Incluso las grandes economÃas empiezan a exhibir señales incómodas. En la mayor potencia del planeta,........
