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La guerra que llegó para quedarse

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07.04.2026

La guerra en Irán no ha sido épica, por más que Donald Trump haya decidido bautizarla como “Operación Furia Épica”. El nombre parece más una aspiración que una descripción: la fantasía de un conflicto breve, contundente, quirúrgico. Una guerra de esas que terminan antes de volverse problema. Trump insiste en que así será. Pero ni él ni su secretario de Defensa, Pete Hegseth, han logrado explicar cómo se alcanza ese final rápido que prometen. Porque el problema de las guerras cortas no es declararlas, sino cumplirlas.

Tal vez Trump no lo advierte —o no quiere hacerlo—, pero empieza a asomarse una lógica conocida: la de la Guerra de Vietnam. No en términos de despliegue masivo de tropas, sino en su estructura: un conflicto que parecía resolverse pronto y que termina convertido en una trampa de desgaste, con costos crecientes y sin una salida clara.

Trump ha repetido que Irán no tiene capacidad para resistir un ataque sostenido de Estados Unidos. Sin embargo, más allá de la bravata, los hechos empiezan a contradecir el relato: derribos de aeronaves, tensiones en el estrecho de Ormuz y una resistencia que no encaja con el guion de una victoria exprés. Lo que se vendió como “operación relámpago” empieza a parecerse demasiado a una guerra que se instala.

El cálculo inicial —que la superioridad militar bastaría para intimidar— ha comenzado a mostrar sus límites. Washington ya paga el costo de su........

© El Heraldo de México