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La guerra antes de la guerra

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17.09.2026

Donald Trump anunció que el problema de gobernar la inteligencia artificial ya está resuelto. Para contener la tecnología más poderosa jamás creada no hacen falta nuevas leyes, organismos internacionales ni salvaguardas técnicas. Hace falta él. Por una feliz coincidencia entre teoría del Estado y autobiografía, Estados Unidos ya dispone de ese recurso.

Sería fácil colocar la frase en el extenso archivo de la modestia trumpiana, pero conviene resistir la tentación. No es solo una fanfarronada: es ya toda una doctrina. Estados Unidos debe avanzar primero, regular después y confiar en que el poder permanezca en las manos correctas. No en las de Donald Trump.

Los bandos de esta disputa no pueden colorearse todavía sobre un mapa. Tampoco existe un eje del bien enfrentado a otro del mal. Las partes están mezcladas dentro de cada país, cada gobierno y cada empresa. Quienes hoy piden frenar son, en varios casos, los mismos que construyeron la tecnología y continúan compitiendo por llegar primero.

En realidad, se libran dos contiendas superpuestas. La primera es geopolítica: Estados Unidos contra China por la supremacía tecnológica. La segunda es civilizatoria: la aceleración contra el control. Una decidirá qué potencia dominará la inteligencia artificial; la otra, si los seres humanos conservarán el dominio sobre ella.

La batalla geopolítica se libra mediante chips, electricidad, centros de datos, minerales, talento, modelos y capacidad de cómputo. Ninguna potencia quiere desacelerar porque hacerlo significaría conceder al adversario una ventaja acaso irrecuperable. La........

© El Heraldo de México