Hay fotos que salen caras
Hay fotografías que marcan la historia. La de Yalta, la caída del Muro de Berlín, el apretón de manos entre enemigos irreconciliables. Y luego están las otras: las fotografías que nadie alcanza a tomarse, pero que terminan generando una crisis de orgullo.
Esta semana, Donald Trump aseguró que la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, había suplicado reunirse con él. La dirigente italiana respondió con una frase inusualmente seca para los estándares diplomáticos: “Italia y yo no rogamos”. Y de pronto una fotografía inexistente se convirtió en noticia internacional.
El episodio parece menor. No lo es. Eso es porque las fotografías son la moneda simbólica del poder. Y la política contemporánea se ha vuelto extraordinariamente dependiente de ellas.
Hubo un tiempo en que se medía la influencia de los gobiernos según su capacidad para negociar acuerdos, construir alianzas o modificar decisiones internacionales.
Hoy, en muchísimos casos, la influencia parece medirse según la cantidad de fotografías de los líderes al lado de las personas correctas. Y también, cómo circulan estas fotografías o dejan de circular por las redes sociales.
La imagen, hablando en general,........
