El futuro de Cuba
Cuba siempre ha vivido en el futuro. O, mejor dicho, en la promesa eterna de uno. La Isla lleva más de seis décadas explicando el presente como un sacrificio necesario para un mañana luminoso que nunca termina de llegar. Pero hoy el futuro dejó de ser una abstracción ideológica y empezó a oler a algo mucho más concreto: a combustible. O, más exactamente, a su ausencia. La suspensión de vuelos -rusos, canadienses y de otros paÃses- no es una anécdota turÃstica ni una mala racha estacional. Es una señal estructural. Cuando los aviones dejan de aterrizar no solo se interrumpe el flujo de visitantes: se corta el oxÃgeno financiero de un régimen que depende del turismo como otros paÃses dependen del petróleo. Y hoy Cuba carece de ambos.
La falta -real, administrativa o convenientemente dramatizada- de combustible está exhibiendo lo que el discurso oficial lleva años maquillando: un paÃs que funciona a medias, con apagones normalizados, transporte colapsado y una economÃa sostenida por remesas, parches y consignas recicladas. La épica revolucionaria ya no ilumina. Literalmente.
En este contexto reaparece un factor decisivo: Estados Unidos bajo el segundo gobierno de Donald Trump. No hace falta una bola de cristal para anticipar que la polÃtica hacia La Habana no será más flexible ni más comprensiva.........
