¡Me quiero bajar!
En cierta ocasión, Mafalda, quizá la feminista más joven e ingeniosa de la historia, se preguntó por qué hay tan pocas mujeres presidentas en el mundo. En 2024, alrededor de 28 entre los aproximadamente 190 países en el mundo estaban presididos por mujeres como jefas de gobierno o de Estado, según datos de la ONU y la ONU Mujeres. Son muy poquitas ya que representan tan solo al 13% de los gobernantes del mundo.
Todo nos ha costado mucho trabajo y, como es evidente, aún falta mucho por conseguir para de verdad avanzar. Lo cierto es que los hechos nos permiten vislumbrar un futuro que no es del todo esperanzador en cuanto al quehacer femenino en la sociedad mundial actual. La discriminación y la violencia continúa existiendo contra nosotras, el 52% de la población mundial. En México nos damos cuenta de ello todos los días.
¿Cuál es entonces el origen del problema de ser mujer y hacer política o ser cabeza de un grupo empresarial? ¿El pecado es ser mujer o hacer política o ser exitosa? ¿Qué se necesita para llegar muy alto en las esferas del poder? ¿Hay que asumir una actitud agresivamente masculina para no ser vistas como un elemento extraño en este mundo en el que todavía predominan los hombres en posiciones de poder?
¿O por el contrario, hay que reafirmar en todo momento la feminidad, llegando si es necesario al maquillaje circense y el vestuario escandalosamente colorido para hacernos notar? En fin, retomando la pregunta de Mafalda, si es que llegan algunas al poder ¿es posible que las mujeres gobiernen marcando su propio sello? ¿Es factible desmarcarse del modo machista de gobernar? ¿Es eso deseable? ¿Es eso posible? ¿O quizá el género no debe dejar una impronta en la generación de políticas públicas? ¿Ser hombre o ser mujer da igual para gobernar?
A estas y otras preguntas igual de complejas estamos tratando de responder muchas mujeres en todo el mundo. Llevamos camino andado, pero debemos de seguir abriendo brecha y caminando.
Este 8 de marzo del tan revuelto 2026, las mujeres seguimos sufriendo una subrepresentación inamovible en un tercio de los gabinetes de gobierno en todo el planeta y ahí están los datos. Pero quizá, más allá de las posiciones de poder, lo más terrible es que en este siglo, el 70% de las mujeres en el mundo ha vivido al menos un incidente de violencia económica, física, psicológica, sexual o al menos alguna forma de discriminación a lo largo de su vida. Lamentable.
Añado un dato más igualmente escalofriante: en lo que va del presente año se suman ya 54 feminicidios a nivel nacional, concentrándose la mayoría de estos casos en los estados de Sinaloa, CDMX, EDOMEX y Tamaulipas. Todos estos datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.
Y ante la realidad ominosa que vivimos las mujeres -y casi todos- en este planeta, termino con una frase inolvidable de Mafalda que me apresuro a reiterar: “¡Paren el mundo que yo también me quiero bajar!”.
