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¿Los niños violentos serán adultos violentos?

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Hace unos cuantos días, un jovencito de 13 años murió y otros ocho resultaron gravemente heridos en un tiroteo, cuando un alumno de 15 años abrió fuego en una escuela en Argentina. Un caso más de bullying o, si usted prefiere, de delincuencia juvenil. ¿Qué le espera a una juventud que puede ser capaz de este grado de violencia? ¿Se puede atajar este problema? 

Desde el punto de vista psicológico, la adolescencia y la llamada primera juventud constituyen un período del desarrollo en que la violencia puede mostrarse con más intensidad. Conocer las características de estos comportamientos (que incluyen el bullying) tendría que ayudar a la generación de políticas públicas, así como a planificar políticas de prevención orientadas a los grupos de edad más vulnerables. Muchos niños presentan conductas problemáticas desde la edad preescolar que puede paulatinamente irse agravando hasta llegar a formas más serias de agresión en la pubertad y la adolescencia. Entre 20% y 45% de los varones y entre 47% y 69% de las jovencitas que son delincuentes juveniles violentos a la edad de 16 a 17 años han sido niños “problema” o niños violentos durante sus primeros años de vida y esta conducta puede persistir durante toda su vida. 

Diversos estudios psicológicos muestran que la agresividad durante la niñez es un factor significativamente predictivo de la violencia en la adolescencia y en los primeros años de la edad adulta. 

Se podría decir que quienes son más agresivos durante la niñez, tienden a ser más agresivos en las siguientes etapas de su vida, aunque los grados que presenten de violencia a través de sus vidas pueden variar y muy importantemente. 

Es relevante mencionar también que una gran parte de los jóvenes que cometen actos de violencia son solo “delincuentes circunscritos a la adolescencia”. Los resultados de la Encuesta Nacional de la Juventud de Estados Unidos (basada en una muestra nacional de jóvenes de 11 a 17 años en 1976 y cuyo seguimiento se efectuó hasta que alcanzaron edades comprendidas entre los 27 y los 33 años) demuestran que si bien una proporción pequeña de los jóvenes siguieron cometiendo actos de violencia hasta llegar a la edad adulta, unas tres cuartas partes de los jóvenes que habían incurrido en violencia grave abandonaron ese comportamiento alrededor de uno a tres años después de su primer delito. 

Dada la frecuencia y persistencia de los problemas de acoso escolar en México considero de la mayor importancia la implementación de acciones preventivas y de intervención tanto en la casa como en la escuela para enfrentar este grave problema. 

La premisa básica de la que debemos partir es que la escuela debería ser un espacio que diera seguridad física y emocional a todos los niños (y adultos) que acudieran a ella. Esto que parece una afirmación sencilla, desafortunadamente no se logra en numerosos colegios donde no existe un protocolo de acciones que salvaguarden el centro escolar del acoso y la intimidación. 

Si se aplicaran las medidas adecuadas en la casa y en la escuela no todo estaría perdido. ¿Qué esperamos para hacerlo? A veces no lo comprendo. 


© El Heraldo de México