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México bajo asedio

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A pesar de la propaganda oficial rebosante de optimismo, México está bajo asedio, interno y externo. Los frentes abiertos son muchos, los peligros también. El equipo gobernante es ciego a su realidad, creyendo todo lo que sus propagandistas les dicen. Y caen en su propia trampa: son los únicos que creen en sus versiones de la realidad.

El mejor ejemplo es el caso de la mujer de las piernas al aire en el Palacio Nacional. En primer lugar, sorprende la mujer misma, tan acomodada en el Palacio Nacional, con la mentalidad de la Emperatriz María Antonieta. El resto del mundo es insignificante ante su autoridad heredada, no prestada. Por supuesto que pensaba que estaba en casa, ¿por qué no, si el poder es suyo?

Para salvar la reputación de la casa presidencial, los propagandistas, prestos, inventaron una mentira: fue culpa de la Inteligencia Artificial, como todo el resto de los fenómenos molestos para el poder, como lo es el narcotráfico. Y llevaron, tranquilamente, la mentira a la Presidenta.

Después de defender el invento de los propagandistas, la Presidenta tuvo que reconocer que fue una mentira. Incluso argumentó: debe ser sancionada la persona agresora por no respetar los símbolos nacionales. ¿El símbolo de Palacio Nacional o la reputación de la presidenta?

El saldo final de todo el incidente es que se devaluó la figura presidencial, por aceptar ser parte de una estúpida conspiración de encubrimiento de una mujer que se asoleaba en una ventana del Palacio Nacional.

Este ejemplo describe y caracteriza como piensa, razona y opera el gobierno y sus integrantes. Van de encubrimiento en encubrimiento. Se ilustra ahora con su obtuso enfrentamiento con la Organización de las Naciones Unidas sobre los desaparecidos, descalificando al organismo porque el gobierno no acepta lo que el resto del mundo sí ve cómo su conducta frívola ante la ola de desapariciones, lo que define a México como un país enlutado.

Igual de preocupante es observar cómo se manejan los asuntos que afectan a la gran mayoría de mexicanos. Empezando por los desaciertos económicos del actual gobierno, por el excesivo peso dado a una instrucción ideológica para su toma de decisiones. A pesar de que el sexenio pasado le heredó al actual una serie de empresas en quiebra técnica y sin capacidad de producir superávit para ser autosuficiente, los sigue sosteniendo como tramoya y tragedia, únicamente para no desacreditar la obra y el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

La presidenta acaba de anunciar que Mexicana de Aviación es rentable, lo cual es falso, y va a adquirir más aviones. Sin duda dirá lo mismo con relación al Tren Maya, al Tren TransÍstmico, al AIFA, a la refinería Dos Bocas y a PEMEX. En conjunto, estos proyectos requieren de decenas de miles de millones de pesos anuales en subsidios simplemente para que sigan operando, ante sus exiguos ingresos.

El caso de PEMEX es alarmante: requiere cientos de miles de millones de pesos en subsidios al año, siendo una empresa disfuncional y podrida en corrupción. La inversión total requerida del erario público equivale a más del medio billón de pesos anuales directamente ejercido desde el presupuesto federal. El modelo económico de la 4T defiende al Estado como inversionista, operador y rescatista, a la vez, de sus propias inversiones.

La guerra en Irán ha provocado que el Estado rescatista incremente el IEPS para evitar el aumento desbordado de los costos de fletes, transporte público, alimentos y productos manufacturados. Se paga un subsidio, por litro consumido de Magna: $1,61; Premium: $0.42; Diesel: $4,55. Como se observa, el aumento del diesel es la amenaza principal al incremento del costo a la vida vía la inflación, al aumentarse en un 81%. Es un subsidio al consumo de la gasolina que estará costando al erario público hasta 38 mil millones de pesos, y, dependiendo de cuánto dure el conflicto, podría llegar a unos 150 mil millones de pesos.

¿Cómo se pagarán estos enormes subsidios, todos ellos decididos por criterios más políticos que económicos? El Estado tiene únicamente dos opciones: incrementar los impuestos, incluso creando nuevos o recurrir al endeudamiento. Desde 2018 la tendencia alcista al endeudamiento público ha sido muy clara. Los años con marcados saltos en el endeudamiento son: 2020 por el Covid, 2024 por el gasto oficial para ganar las elecciones y 2026 ante las presiones externas y preparación para el gasto de Morena para las elecciones de 2027. Ante la pregunta, entonces, la respuesta es clara: el gobierno escoge el camino del mayor endeudamiento, en vez de incrementar impuestos.

Los subsidios, junto con el endeudamiento, colocan a la economía en la ruta de no crecer e, incluso, a una actividad cercana a la recesión. Al decidir por no subir impuestos y recurrir a más endeudamiento, este gobierno acepta pasar la cuenta de este sexenio, y del pasado, a las futuras generaciones. Su “éxito popular” como partido en el poder hoy será la miseria de millones mañana.

Todas las encuestas hechas a integrantes relevantes del sector privado, nacional y extranjero, confirman que no habrá inversión directa nueva mientras duren los factores de incertidumbre que permean la situación y el contexto nacional e internacional. La elección de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y su reconversión en un ala del partido Morena ha desincentivando a la inversión.

Anteriormente los inversores suponían que podían ser escuchados por los Ministros de la Corte, para recibir un trato equilibrado. Hoy esa suposición se ha esfumado: la Corte se guía por criterios ideológicos y partidistas, donde las leyes y la misma Constitución se subordinan a los intereses de Morena.

Lo dijo primero The Economist: el principal problema de México no es Trump. Reside en las políticas equivocadas del gobierno federal que no sabe distinguir y separar la realidad negativa de sus políticas económicas, políticas y sociales con sus fantasías de superioridad ideológica.

Esa ceguera no le permite al gobierno entender los riesgos que encierra el momento ante la renegociación del T-MEC, que se acoge a la misma lógica de la incertidumbre. Las restricciones ideológicas que impiden el ingreso pleno de la inversión de empresas canadienses o estadounidenses en distintos sectores de la economía mexicana, como las barreras no-arancelarias construidas durante el obradorato, son factores que influyen fuertemente en la tendencia potencialmente rupturista en las negociaciones.

Algunos alegan que México es demasiado importante para Estados Unidos como para arriesgar rupturas sectoriales o totales. El ambiente radicalizado en Washington (porque allá hay tantos populistas locos como acá) nos advierte que las cosas pueden escalar rápidamente a un enfrentamiento duro, por lo menos bilateral.

Washington está con un temperamento agrio en este momento. Anticipa las elecciones intermedias cruciales en noviembre en Estados Unidos, todo debe ser visto bajo ese prisma. Venezuela, Cuba, Irán, México, narcoterrorismo, inmigración, ICE, T-MEC, economía, países petroleros, Ucrania, Unión Europea, OTAN, Putin y Xi: todos tienen algún lugar en la licuadora histórica de este momento.

Hay disposición para actuar con fuerza, por no decir con furia épica, para ganar puntos con la opinión pública que, en este momento, se vuelca mayoritariamente contra Trump. Pero sería un error suponer que estamos ante el fin de un Trump debilitado.

No. Estamos ante un Trump mucho más peligroso que antes. La tentación de Washington por realizar una acción, o varias, en territorio mexicano antes de noviembre es grande, y crece. El operativo que terminó con la vida del Mencho fue una muestra de ello. Podrán darse intervenciones más dramáticas y relevantes en contra de políticos de renombre vinculados a actividades del narcotráfico y lavado de dinero en México y Estados Unidos, con o sin la anuencia y concurso de las autoridades mexicanas.

Las fallidas políticas internas gestan, dialécticamente, un incremento en las presiones externas para lograr una reorientación de la política mexicana. Los propagandistas ufanos del régimen ocultan la mirada sobre los hechos duros y peligrosos de la situación nacional.

Ignorar los problemas en su verdadera dimensión sólo sirve para debilitar las opciones ante la crisis nacional en la que está sumida el país. Y menospreciar el acoso externo, también. México vive asediado por sí mismo, y por lo que viene de afuera.

ricardopascoe@hotmail.com @rpascoep


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