La lluvia que dejamos ir
Las lluvias de las últimas semanas volvieron a poner sobre la mesa una de las mayores contradicciones de la gestión hídrica en México. Tan sólo durante junio, la Ciudad de México acumuló 241.27 milímetros de precipitación, casi el doble del promedio histórico para ese mes. Entre la noche del 30 de junio y la madrugada del 1 de julio cayeron más de 15.6 millones de metros cúbicos de agua sobre la capital. Sin embargo, buena parte de ese volumen terminó en el drenaje mientras, año con año, distintas regiones del país enfrentan problemas de abastecimiento.
La paradoja no responde a la falta de lluvia, sino a la manera en que administramos el recurso. De acuerdo con la Comisión Nacional del Agua (Conagua) que comanda Efraín Morales, México registra actualmente 114 acuíferos sobreexplotados, condición que obliga a extraer agua desde mayores profundidades y depender de fuentes cada vez más lejanas para abastecer a ciudades, industrias y zonas agrícolas. La presión sobre la infraestructura hídrica ya no sólo representa un desafío ambiental; también implica mayores costos económicos y energéticos.
Durante décadas, la respuesta consistió en construir más obras para transportar agua. Hoy esa visión comienza a complementarse con soluciones capaces de aprovechar la lluvia donde cae. La captación pluvial deja de verse como una alternativa para convertirse en una herramienta que fortalece la resiliencia hídrica de edificios, escuelas, industrias, desarrollos inmobiliarios y espacios públicos, al reducir la dependencia de las fuentes tradicionales de suministro.
En esa transición, empresas como Rotoplas Servicios de Agua, a cargo de Juan Pablo Rodríguez, impulsan soluciones integrales de captación pluvial que permiten recolectar, filtrar, almacenar y reutilizar el agua de lluvia con estándares que responden a las necesidades de proyectos públicos, industriales, comerciales e inmobiliarios. Más allá del componente tecnológico, el valor........
