Inviten a Cuba, canijos
El Doctor Patán vio con envidia que un contingente de todo el mundo, algo así como las Brigadas Internacionales en versión siglo XXI, se lanzaba a Cuba para apoyar a la isla en su lucha gloriosa contra el imperialismo. Me adelanto a las críticas. No: no es que quiera aprovechar la coyuntura para ganarme un viaje.
Dicho con toda la humildad que me distingue, he podido viajar no poco en los ya bastantes años de vida que cargo, a muchos países y en varios continentes. De hecho, su Doctor ha tenido, también, la oportunidad de conocer Cuba. No se trata de eso. De lo que se trata es de sentir en el pecho, incandescente hasta el punto del dolor, pero dolor del bueno, del bonito, el fuego de la solidaridad de tipo socialista.
Me estoy viendo. Primero, foto con unos galones de diésel, unas celdillas solares tipo casa de Avándaro (la revolución será verde o no será, salvo que llegue el petróleo ruso), unos frijolitos del Bienestar, unas latas de atún, unas sudaderas, unos ejemplares de “25 libros para el 25”, y pónganle que unas aspirinas.
Después, una pestañita en el vuelo, para llegar con energías a apoyar a la causa; un saludo entusiasta de los compañeros agentes de migración en el aeropuerto José Martí, que seguro van a estar muy hospitalarios y muy conmovidos por tanta fraternidad universal de izquierdas; camioncito eléctrico al hotel, con pláticas antiimperialistas que con los compañeros de Podemos, que con el compañero militante de Santa Mónica, California, que con una activista noruega y que con un diputado de Morena, y al check in.
Adelanto que el hotel del compañero Pablo Iglesias me parece suficiente. Si tienen un cuarto con balcón, ejecuto unas fotos con el IPhone, para denunciar la devastación que ha producido en el entorno el imperialismo, un purito, un ron y a dormir hasta el día siguiente, cuando se pone buena la cosa.
¡Uf! ¡Vaya jornadas! Que comida con la vocera del compañero Díaz-Canel; que visita a un koljós donde se producen plátanos (es un decir: también pueden ser cocos); que pase de lista en la secundaria “Fidel Castro Ruz”; que desfile de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, en homenaje al compañero Fidel Castro Ruz; que visita a la policlínica Fidel Castro Ruz… Supongo que me explico.
En el camino, en el mismo camioncito, mucha foto y mucho video del pueblo que nos saluda con el puño alzado, una camiseta del Che para la señora de la casa y, para los hijos, unas de Fidel Castro Ruz. Permítanme citar a los compañeros de Pemex: pura “ignición” rebelde.
Si no es mucho pedir, aquí su Doctor quisiera también, como sorpresa de último día, un almuerzo con el compañero Silvio y, obvio, unos AK-47. Perdón: AKM. Prometo hacer una crónica larga y contra hegemónica nada más llegar a México.
Ándenle, canijos. Inviten a Cuba. La historia nos lo agradecerá.
