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Autorregulación: cuando el cambio comienza desde dentro

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20.03.2026

El cambio más difícil en cualquier sector no es el que llega por decreto, sino el que nace por convicción. Por eso considero que el foro “Autorregulación por México”, realizado en CAAAREM, representa uno de los momentos más relevantes de la vida institucional del gremio aduanal en los últimos años: no porque la autoridad lo exigiera, sino precisamente porque no lo exigió.

México vive una transformación profunda de su sistema aduanero, impulsada por la Presidenta Claudia Sheinbaum, el secretario de Hacienda, Edgar Amador Zamora, y el titular de la Agencia Nacional de Aduanas de México, Rafael Marín Mollinedo. La lucha contra la corrupción, el fortalecimiento de los controles y la mejora en la recaudación se han convertido en ejes centrales de la política pública. La reforma a la Ley Aduanera, en vigor desde el 1 de enero de 2026, estableció nuevas responsabilidades para todos los actores del comercio exterior. Sin embargo, lo verdaderamente significativo no es solo el cambio legal: es la respuesta que surgió desde el propio gremio.

Durante el foro, el senador Emmanuel Reyes Carmona, presidente de la Comisión de Economía; el diputado Ricardo Mejía, presidente de la Comisión de Transparencia y Anticorrupción; y los diputados Marybel Villegas y Héctor Téllez coincidieron en destacar el carácter innovador de esta iniciativa. En un país donde históricamente las reformas parten desde el Estado hacia los sectores productivos, hoy observamos un movimiento en sentido contrario: desde el gremio hacia el fortalecimiento institucional. El diputado Téllez lo señaló con claridad: los agentes aduanales están construyendo el primer modelo de autorregulación obligatoria dentro de una organización gremial en México.

Vale la pena explicar qué significa esto en términos concretos. La reforma a los estatutos de la Confederación de Asociaciones de Agentes Aduanales de la República Mexicana (CAAAREM) no es una declaración de buenas intenciones. Incorpora mecanismos operativos: comités de ética profesional con facultades de investigación, códigos de conducta con consecuencias reales para quienes los incumplan, y sistemas internos de denuncia y corrección antes de que una irregularidad escale a una sanción de la autoridad. La diferencia es fundamental: no se trata de responder al Estado cuando fiscaliza, sino de anticiparse al problema desde adentro.

Los legisladores también subrayaron un punto que comparto plenamente: la autorregulación no sustituye la función del Estado, sino que la complementa. En un sistema tan complejo como el aduanero, donde convergen intereses económicos, fiscales y de seguridad nacional, la corresponsabilidad entre autoridades y sector privado no es opcional: es indispensable. Además, hay algo que ninguna norma puede sustituir: la cultura organizacional. El combate a la corrupción requiere prevención, y la prevención requiere que los propios actores del sistema asuman que el cumplimiento es un valor, no una carga.

Lo que me genera mayor convicción es la respuesta que observé en el propio gremio. No hubo resistencia ni escepticismo ante esta reforma estatutaria. Por el contrario, los agentes aduanales de todo el país han entendido que elevar los estándares internos no es una amenaza a su ejercicio profesional, es la mejor defensa de él. Un gremio que se regula a sí mismo reduce la discrecionalidad, acota el espacio para malas prácticas y construye un argumento sólido ante las autoridades y ante los propios importadores y exportadores que nos confían sus operaciones.

Esta iniciativa adquiere una dimensión estratégica que va más allá del gremio. México enfrenta la próxima revisión del T-MEC en un entorno geopolítico exigente: la reconfiguración de las cadenas globales de valor, el nearshoring y las nuevas presiones comerciales de Estados Unidos obligan al país a demostrar que sus instituciones son confiables. Un sistema aduanero con mecanismos robustos de integridad interna no es solo una virtud ética, es una ventaja competitiva. Las empresas internacionales que evalúan dónde invertir o establecer operaciones logísticas consideran el entorno regulatorio y la certeza jurídica como factores determinantes. Que el gremio aduanal mexicano sea el primero en adoptar un modelo de autorregulación obligatoria envía una señal poderosa al exterior.

Para los legisladores presentes, este esfuerzo representa una oportunidad histórica no solo para el sector aduanal, sino como modelo de referencia para otras industrias donde la autorregulación aún es incipiente o inexistente. Estoy convencido de que tienen razón. La pregunta relevante no es si otros sectores deberían seguir este camino, la pregunta es cuándo.

Cuando un sector decide elevar sus propios estándares, el impacto trasciende su ámbito inmediato. Se fortalece la confianza institucional, mejora la percepción del país y se sientan las bases para un desarrollo más sólido. El gremio de los agentes aduanales ha dado un paso que pocos se atreven a dar: mirarse hacia adentro y asumir que la transformación también es una responsabilidad propia.

Porque al final, las reformas más profundas no son las que se imponen desde fuera, sino las que se construyen desde dentro. 

POR JOSÉ IGNACIO ZARAGOZA AMBROSI

Presidente de CAAAREM

Experto en Comercio Exterior


© El Heraldo de México