Armas: ansiedad y futuro
¿Qué representan las armas de destrucción masiva? ¿Son acaso nuestro temor al ver que somos capaces de autodestruimos? Tenemos las herramientas para crear el apocalipsis, lo cual nos aterra. Las armas nucleares, ligadas al horror de la Segunda Guerra Mundial y su presencia en los miedos de la Guerra Fría, quedaron grabadas en los imaginarios colectivos. Es una ansiedad que a veces se expresa con mayor fuerza en ciertos momentos de tensiones. Piénsese, por ejemplo, en la crisis de los misiles o el conflicto con Irán.
Las armas de destrucción masiva suelen atraer una retórica que apunta hacia el futuro, hacia un escenario en donde eventualmente son utilizadas. Casos como los de Irak y ahora Irán muestran lo que ocurre cuando el miedo y la ansiedad ante escenarios ficticios resulta suficiente para que una nación llame a la guerra contra otra.
En 1999, el historiador Eric Hobsbawm se unió al periodista Antonio Polito en una obra que exploraba los nublosos horizontes del siglo veintiuno. Su libro, titulado "Entrevista sobre el siglo XXI", abordaba diversos temas en formato de pregunta y respuesta. Uno de estos fue la guerra pensada en pasado, presente y futuro. Una frase del historiador capturaba el siguiente contraste: "A pesar de la pesadilla nuclear, las guerras han persistido".
Resulta lógico suponer que la existencia de dispositivos capaces de aniquilar poblaciones en segundos obligaría a las naciones pensarla dos veces antes de iniciar una guerra. Muchos creyeron que la capacidad de arrasar ciudades enteras pondría fin a los enfrentamientos de forma definitiva. Después de todo, ¿quién querría cargar con el peso histórico y moral de semejante decisión? Sabemos de una nación que no solo aceptó este poder y lo ejerció. Hoy, es la portadora de un mensaje que vigila y cuestiona el armamento de los demás. Qué ironía tan profunda la de la historia.
Las armas de destrucción masiva tensionan la ambigüedad sobre el futuro ( tan característico de la posmodernidad) ante el no saber si la humanidad volverá a presenciar su uso. Esta cuestión es recurrente en el debate público, donde se manifiesta un nerviosismo alrededor del empleo de bombas atómicas o tecnologías aún más destructivas (también hay que pensar que en algún momento llegarán a ser superadas por otro tipo de armamento). La posibilidad de una catástrofe de proporciones inimaginables pasa por los miedos de la sociedad. La cuestión, entonces, apunta al cuándo, pues el “si” ha dejado de ser una interrogante.
