La reforma fallida
La reforma electoral que presentó la presidenta de la República tuvo el final que habíamos anunciado: fue rechazada el miércoles pasado en la Cámara de Diputados, no obtuvo el apoyo suficiente. Al ser una reforma constitucional requería de las dos terceras partes de los votos.
Se detuvo la intentona de este gobierno de meter las manos en las elecciones, de controlar al Instituto Nacional Electoral y de manosear el sistema de representación. Todo para beneficio del partido en el poder.
Pablo Gómez, este personaje al que le dieron la tarea de formular la propuesta, lo que presentó fue un panfleto ideológico, lleno de lugares comunes y de frases trilladas. Y repleto de mentiras y fanatismos.
Vaya, la propuesta ni siquiera logró convencer a los aliados políticos del régimen. Todos los partidos, obviamente con excepción de Morena, votamos en contra de la iniciativa. La reforma nació muerta y fue un fracaso rotundo.
Como lo comenté hace unos días en este espacio y después en la discusión en la Cámara de Diputados, la propuesta contenía (cuando menos) tres problemas que eran inadmisibles para Acción Nacional:
1. Es la primera propuesta de reforma electoral en la historia de México en la que no participó la oposición, no se sentó a la mesa a todos los partidos, no se buscaron consensos ni diálogo. Fueron solo miembros del gobierno, militantes de Morena, escribiendo las reglas del juego electoral sin escuchar la opinión del resto de los jugadores. Así de soberbios.
2. La propuesta solo buscaba que el régimen tuviera más poder y más control. El gobierno quería modificar el modelo de representación proporcional para que Morena tuviera más diputados y más senadores. Y también pretendía debilitar al árbitro electoral para controlarlo, y así controlar las elecciones y los resultados. La propuesta solo ambicionaba darle más poder al partido mayoritario y que de ser posible los partidos minoritarios desaparecieran. Así de autoritarios.
3. El principal problema electoral que tenemos en este país es el involucramiento del crimen organizado en las campañas para luego influir en los gobiernos. Pero al gobierno le parece que este no es un problema y entonces no lo trató en su propuesta de reforma. Para Morena los vínculos de algunos políticos con el narcotráfico no es un tema que debamos debatir y corregir. Así de cínicos.
La iniciativa presidencial no fue más que un capricho construido desde la soberbia que los caracteriza. Siguen creyendo que la Constitución les pertenece y se siguen asumiendo como la única voz del pueblo.
Y nosotros nos opusimos porque nos negamos a regresar a los tiempos en los que el gobierno organizaba las elecciones y controlaba al árbitro electoral. Nos negamos a regresar a los tiempos del partido único y autoritario.
Con este régimen la democracia está en riesgo permanente, y nosotros estamos decididos a defenderla permanentemente.
POR HOMERO NIÑO DE RIVERA
