menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Una poeta en la SEP

10 0
18.02.2026

Un día de estos deberíamos inundar el océano de las redes sociales de poesía. Antes del primer café de la mañana, un posteo que nos haga recordar el poder de las palabras:

Hay tristezas que crecen en la boca de los que ya no hablan su lengua, de los que la han olvidado, de los que nunca la aprendieron.

Esta congoja la podemos encontrar en El camino del venado, editado por la Dirección de Literatura y Fomento a la Lectura de la UNAM. La autora, Nadia López García, saltó a las primeras planas de los diarios no sólo por su talento y entusiasmo cultural. Las casualidades no existen, la llegada de la escritora a la Secretaría de Educación Pública apaciguará la polvareda que provocó el antecesor en esa posición.

La política y la literatura siempre se miran con desconfianza, sus caminos son paralelos. Se repelen y retroalimentan. Hace unos años, al término de un encuentro de poesía indígena, platiqué con Nadia y Adriana Kupijy, estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, quien dedicó parte de sus horas universitarias a gestionar donaciones de libros para bibliotecas comunitarias en su tierra, la misma de Nadia: Oaxaca. En esa charla escuché la pasión por su lengua y el interés por difundirla.

Nadia López tiene una larga trayectoria como promotora cultural y varios libros escritos. El arribo como funcionaria a una de las secretarías de Estado clave del país representa una oportunidad para poner en la agenda pública a la literatura indígena y a la población que se vio forzada a migrar, adaptarse a un entorno hostil y a sobrellevar el desprecio de su lengua.

Lo sé, lo viví con mi padre que habla una variante dialectal del zapoteco que sólo practica con su parentela. Sin planearlo, sin proponérselo, no la transmitió a sus hijos porque le recordaba la discriminación, el maltrato, la tristeza, la nostalgia de ese lugar idílico, un bosque arrebatado (tampoco sus hijos se lo pidieron).

Siempre ha sido un campesino extraviado en la selva citadina. Los mangos, las piñas, los venados se petrificaron en el asfalto. En El Camino del venado, Nadia lo cuenta así:

Porque cortaron tu palabra y bajo tu lengua sembraron miedo, silencio.

POR DANIEL FRANCISCO Profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM @dfmartinez74


© El Heraldo de México