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Verde olivo en un día morado

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La presidenta Claudia Sheinbaum decidió conmemorar el Día Internacional de la Mujer en el Campo Marte, rodeada de las Fuerzas Armadas y con el secretario de la Defensa como orador principal.

El lugar no es menor. Campo Marte —nombre heredado del dios romano de la guerra— es el espacio reservado para ceremonias militares, desfiles y actos del poder armado del Estado: un sitio pensado para la disciplina, la jerarquía y la exhibición de fuerza.

Por eso la escena resulta tan reveladora: verde olivo en un día morado, sobre todo tratándose de un gobierno para el cual lo simbólico, la propaganda y la percepción parecen más importantes que la realidad.

Mientras en ese recinto se realizaba la ceremonia oficial, en las calles de México miles de mujeres marchaban con el mismo reclamo que llevan décadas repitiendo: justicia.

Justicia frente a la desaparición forzada, la trata, el feminicidio y la violencia física y sexual que sigue marcando la vida de millones de mujeres.

Las marchas del 8 de marzo no son una celebración. Son una conmemoración para detenernos, hacer balance y recordar las deudas pendientes. Son, sobre todo, una protesta.

Sin embargo, el acto oficial pareció ignorarlo. No hubo mención a las madres buscadoras, ni a las víctimas de feminicidio, ni a las niñas que quedaron huérfanas por la violencia.

Mientras el gobierno celebraba en Campo Marte, el país recordaba una realidad brutal: en México la violencia contra las mujeres sigue siendo una tragedia cotidiana.

En 2025 se registraron 2 mil 795 feminicidios y homicidios de mujeres, y cerca de 3 mil 800 mujeres desaparecieron en el país.

La cifra estremece: en promedio, 18 mujeres son asesinadas o desaparecen cada día.

La desigualdad tampoco termina en la violencia. También se refleja en el mercado laboral. De acuerdo con cifras recientes del Inegi, persiste una brecha cercana a 30 puntos en la participación económica entre mujeres y hombres. Millones de mujeres siguen enfrentando mayores obstáculos para acceder al empleo y a la autonomía económica.

Detrás de cada número hay una historia truncada, una familia rota y una madre que ya no duerme, esperando que su hija regrese.

Frente a esa realidad, el gobierno parece más preocupado por la narrativa que por el dolor. En redes sociales se celebraba el concierto gratuito de Shakira en el Zócalo bajo el mensaje: “Las mujeres ya no lloran”.

Porque mientras se organizan conciertos y se maquillan estadísticas, cada día nuevas familias salen a buscar a sus hijas en fosas clandestinas, hospitales o Ministerios Públicos.

El poder habla de cifras. Las calles hablan de ausencias.

Por eso el contraste del 8 de marzo resulta tan elocuente: en Campo Marte el poder celebraba rodeado de uniformes militares, mientras en las calles las mujeres gritaban los nombres de quienes ya no están.

Porque el gobierno podrá repetir que “llegamos todas”. Pero en México todavía faltan miles.

Y mientras sigan faltando, no hay discurso, ceremonia ni propaganda que pueda celebrar nada.

POR CAROLINA VIGGIANO

SECRETARIA GENERAL DEL PRI Y SENADORA


© El Heraldo de México